EL LÍDER Y SUS PEONES

El líder ha entrado en el estadio. La megafonía lo anuncia con fuerza y las pantallas reflejan su rostro. Todo está preparado para que los adeptos hagan lo que el líder espera para hacer grande su recibimiento. Todo está calculado al más mínimo detalle. Nada puede fallar, él así lo ha preparado. Una vez al año convoca a sus fieles para continuar con su introducción al nuevo credo y perpetuar sus enseñanzas. Le gusta presidir su grandioso escenario, la magnificencia de los decorados, le ensalza sabedor de que no solo sus devotos están a su alrededor, sino el mundo entero.

Disfruta observándoles desde su gran tarima, esto hace incrementar su poder que va aumentando cada vez que tiene que dirigirse a ellos. Estas pobres almas vibran y aplauden a su rey para que comience cuanto antes su discurso. El líder se toma su tiempo, así puede disfrutar más de esa imagen con la que sueña a diario: una masa enloquecida gritando su nombre.

Sonríe y sonríe, no puede parar de sonreír disfrutando de este espectáculo insólito. Se sabe ganador y utiliza la mejor de sus sonrisas. Va absorbiendo el amor que le da su gente y lo va transformando en adoración, esto hace que su ego vaya creciendo. Levanta las manos hacia el cielo con las palmas hacia su rebaño intentando calmar y hacerles callar para que pueda comenzar con su discurso. Se ha convertido en un burdo orador de su propio ego. 

El líder y su gran Ego

Por fin comienza con su sermón. Sus súbditos se quedan atontados con sus palabras, con su imagen, con su poder y su fuerza, y vuelven a aplaudir no dejándole hablar. Su importancia se dispara, se vuelve más necesitado de admiración y atención. Vuelve a sonreír y la masa enloquece. Los gritos ensordecedores hacen vibrar el estadio.

En cuestión de segundos su cara se transforma, su sonrisa desaparece y adquiere un gesto adusto preparándose para gritar. No quiere que sus marionetas se descontrolen y entorpezcan el camino hacia su gran guión. Todo tiene que tenerlo controlado porque eso le lleva a sentirse poderoso y a dominarles como si fueran pequeños y diminutos seres. Demuestra su poder, necesita que la gente sepa que se hace lo que él dice y como él quiere que se haga. Sus acólitos no saben que él no respeta a la gente, sus formas son odiosas y su carácter es insoportable. 

Ante esta situación, los súbditos no se inmutan frente a su mirada hostil y a los pocos segundos vuelven a jalearle y a gritar enloquecidos su nombre. El gran líder vuelve a estallar al comprobar que sus fieles se vuelcan con él y le permiten lo que quiera, así de fácil, y piensa: “es lógico que me adoren, ¡soy el mejor!

Su vanidad y su ego hacen que solo pueda quererse a sí mismo. Su orgullo es tan desmedido que se niega a empatizar con los demás. Para el líder sus fieles son solo marionetas que utiliza en su propio beneficio. No le importan, para él lo más importante es su ego, está enamorado de sí mismo. Además es frio como un iceberg. Su sentido de la grandeza y omnipotencia solo es comparable a los dioses del Olimpo. Recuerda al narcisismo en su más puro significado. Le gusta ver reflejada su imagen porque se sabe y se siente más grande de lo que en realidad es.

Su discurso es el de siempre pero parece que no se lo toman en cuenta. Hace ver que se preocupa por los demás aunque en su fuero interno, sabe que no es así, los demás le dan exactamente igual. Sus palabras son firmes y poderosas. El estruendo de su voz resuena por todo el estadio. Comienza con un YO, continua con un “por que YO” y finaliza con un “solo YO” ¡Qué gran discurso!

El líder está contento. Una vez más comprueba que le siguen adorando. Pobres incautos e ingenuos, su líder les ha puesto una venda en los ojos. No se dan cuenta de que están siendo engañados y manipulados por un gran Ego. Es más, son tan inocentes que cuando el gran líder les pide que den un paso adelante respecto a sus más oscuros propósitos, ellos le siguen sin pedir ninguna explicación y sin ser conscientes de que en realidad están entregando su alma al mismísimo diablo.

Continua su discurso hablando mucho sin decir nada y lo remata con su clásica petición de YO necesito. La algarabía vuelve a estallar. El líder agradece sus aplausos y sus vítores y se gira dando la espalda a las gradas. Acude a esconderse detrás del telón y espera con la seguridad de que le volverán a reclamar.

La gente comienza a corear su nombre. El líder escucha satisfecho entre bambalinas y sale rápidamente sintiéndose más poderoso que nunca. Vuelve a enseñar su dentadura perfecta, hincha su pecho tomando aire y se siente flotar. Sus últimas palabras vuelven a ser un “YO estoy aquí por vosotros. Cuento con vosotros para hacer que mis ideas lleguen a todo el planeta y que cada vez seamos más fuertes para conseguir que el mundo gire a mi alrededor y esté a mis pies”.

Y así con el estruendo de las ovaciones se retira sabiendo que haga lo que haga y diga lo que diga, tiene y tendrá a sus pupilos comiendo de su mano.


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