EL INTOCABLE DERECHO AL HONOR

El Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice así: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Otro de los artículos de esta Declaración, concretamente el número 16.2 establece que “Solo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio”. El reciente asesinato de dos hermanas residentes en Tarrasa que volaron a Pakistán engañadas por sus propios familiares, ha vuelto a sacar a la luz los “crímenes de honor” de estas sociedades tan arcaicas.

Y es que la lista de países de Oriente Medio y el Sur de Asia que aún funcionan con estos códigos de conducta donde las mujeres son mera mercancía, es aún muy larga. Lo terrible es que cuando estas castas religiosas emigran a Europa, la gran mayoría traen consigo su bagaje infracultural. Ese por el cual los hombres deciden, ordenan y mandan en sus esposas, hijas y nietas. Ellos dictan las normas de cómo deben de vestir y comer. Ellos son los que deciden con quién deben casarse las niñas. La sociedad patriarcal de la que tanto se habla y se debate en Europa, sigue muy presente en el mundo del siglo XXI.

Asociar el concepto de “honor” con la imagen que se proyecta en una sociedad, para muchas personas es básico y vital. Hay gente que vive de eso. La familia de una niña ha convenido que ésta se una en matrimonio a un hombre mucho mayor. Si ella se niega, será lapidada, torturada y asesinada. El honor antes que nada. Si una mujer sufre una violación, el propio esposo, padre, hijo, hermano o primo ha de matarla, porque “como familia perderían el respeto del vecindario”. Para algunos otra solución es casarla con el violador.

En 2008 tres adolescentes salieron de sus casas para casarse. Esta decisión no gustó a los ancianos “notables” de la aldea. Tenían que contraer matrimonio con los hombres que ellos eligieran. Cuando iban de camino, secuestraron a las muchachas. Las llevaron a una zona desértica donde las golpearon salvajemente y las enterraron. Aún estaban vivas. Las dos mujeres mayores que las acompañaban protestaron. Los atacantes también las enterraron vivas por manifestar su desacuerdo. El padre del marido de Taslim Khatoon Solangi la torturó y asesinó. Tenía 17 años y estaba embarazada de 8 meses. Este hombre tenía el convencimiento de que el niño que iba a nacer, fue concebido fuera del matrimonio.

El hombre actuando como fiscal, juez y verdugo. Por no llevar una vida acorde con los valores del Islam, en 2016 un hombre asesinó a su propia hermana, una influencer conocida como la «Kim Kardashian del Pakistán». O al menos según su particular interpretación de su religión.

Cerca de mil mujeres y niñas son asesinadas cada año en Pakistán, según la Comisión de Derechos Humanos de este país. Sus propios familiares son el brazo ejecutor. No hay denuncia de la mayoría de los crímenes. Por eso la cifra varía. Ser mujer en Pakistán significa pertenecer en propiedad a tu padre, hermano o primo. Los varones de la familia la «venden»como esposa para otro hombre, cuando aún no ha cumplido la mayoría de edad. El gobierno y sus tribunales hacen caso omiso a la mayoría de las denuncias.

La policía no investiga ni persigue los asesinatos y las mutilaciones. No hay juicio para los asesinos. Es más, muestran un orgullo inexplicable para cualquier sociedad civilizada y culta. En 2014 su propia familia apedreó hasta la muerte a una mujer embarazada. Se casó con el hombre que amaba. Ese fue su crimen. La lapidación se produjo frente al alto tribunal y en presencia de la policía. El padre declaró: “maté a mi hija pues ella había insultado a toda nuestra familia al casarse con un hombre sin nuestro consentimiento, y no tengo ningún pesar sobre eso”.

Mientras el mundo Occidental se debate entre el “sí es sí” o “no es no”, en otras partes del planeta millones de mujeres y niñas son violadas, maltratadas, discriminadas, vejadas y asesinadas por el solo hecho de serlo. Quizás pueda parecer un discurso demagógico pero esa es la realidad. Matrimonios forzados, menores de edad embarazadas, sin acceso a una educación y sin derecho a decidir su propio futuro.


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