EL ESTRELLATO DE LAS ESTRELLAS

Me pongo delante del ordenador y me quedo en blanco, como la pantalla. Sin darme cuenta me fijo en un libro que hay sobre el escritorio: “Mirando las estrellas” de Javier Vila. Es un libro pequeño que según su introducción, pretende familiarizar a todo el que lo lea con la astronomía cuando contempla el cielo estrellado. Explica cómo observar las estrellas, cómo saber lo lejos que están de la Tierra según su intensidad lumínica. En fin un libro curioso para las personas que les gusta mirar al cielo y saber qué están mirando.

En estas estoy cuando recibo un mensaje de mi querido amigo J. en el que me dice que no soporta a Brad Pitt cuando hace de héroe griego. No lo entiendo y me pongo a pensar en esas otras estrellas de la gran pantalla: los actores. ¿Por qué no puede soportar mi amigo a Brad Pitt haciendo de héroe? Tal vez porque es rubio y los griegos son morenos, no sé. Me quedo un poco perpleja ante esta afirmación. Cuando le pregunto no me responde y me dice que puede ser un buen tema para escribir sobre ello. No lo veo la verdad, prefiero seguir mirando las estrellas del firmamento que aunque ahora es pleno día, estoy segura que están ahí.

Continúo con el libro y ¿casualidad? al abrirlo de nuevo caigo en la página que habla del Planisferio. El planisferio es una carta estelar. Un mapa, hablando claro, en forma de dos discos que giran sobre un pivote. Se ajustan para mostrar las estrellas y su posición en un momento determinado. Pues ¡yo tengo uno! Me lo compré hace muchos años, me parecía curioso y algo útil para mirar al cielo y reconocer las estrellas. Se lo enseñaba a todos mis amigos como si fuera algo extraordinario.

Todos me decían que eso no servía para nada, que hay que saber utilizarlo muy bien y dedicarle tiempo, como si hubiera que hacer un máster, decía yo. Pues nunca he sabido interpretarlo y por lo tanto, nunca lo he utilizado. Soy muy torpe. Así que lo dejé en algún sitio de mi casa y hasta hoy. Lo tengo de adorno como si fuera un disco de vinilo, enmarcado y colocado en la pared. Leo y releo la manera de emplear el planisferio y por más vueltas -y nunca mejor dicho-, que le doy, sigo sin saber cómo ver las estrellas con este utensilio. 

Así que dejo el libro, dejo el planisferio y dejo a Brad Pitt haciendo de héroe griego para dedicarme otros menesteres más productivos o más divertidos. Aunque por más que pienso, no encuentro ninguno en este momento. Y mirando las estanterías de la librería a ver si me viene la inspiración encuentro una primitiva de hace un par de semanas, me pregunto si estará premiada así que me pongo las zapatillas de deporte y salgo a comprobar si hoy soy un poco menos pobre que ayer. Cuando le doy el boleto al chico que está en la ventanilla para que lo compruebe, me mira, se ríe. Y me dice con un tono dulce y conmovedor que no está premiado, pero que si lo estuviera lo habría perdido porque la fecha del sorteo fue hace dos semanas pero del pasado año.

Ante esta afirmación salgo a la calle mirando el papelito y me doy cuenta que con tanta estrella por ahí arriba, yo me acabo de estrellar. He hecho el ridículo más espantoso por no fijarme en la fecha. No quiero imaginarme si llega a estar premiado. Por eso cuando encontramos algún décimo de lotería perdido en algún bolsillo, o cualquier tipo de papeleta de juego de azar pasado de fecha, lo mejor es romperlo y no mirar si está premiado. Porque uno puede nacer con estrella o terminar estrellado, así de simple. 


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