EL ENEAGRAMA Y LOS ENEATIPOS DE PERSONALIDAD (I)

El eneagrama es un método de la Escuela Gestalt para el autoconocimiento y el desarrollo personal. Se basa en una clasificación de la forma de ser, de las actitudes habituales que tiene el individuo para afrontar la vida. El eneagrama es una reelaboración de distintas clasificaciones históricas que vienen del  misticismo oriental y de la adaptación a la realidad occidental. El chamán boliviano Óscar Ichazo junto con el psiquiatra chileno Claudio Naranjo fueron los que desarrollaron la interpretación que conocemos actualmente. Eneagrama significa figura de nueve lados y se representa con una figura de nueve puntas dentro de un círculo.

Eneagrama

El eneagrama hace una clasificación de 9 tipos de arquetipos de personalidad. Su propuesta se basa en la posibilidad que tenemos de poder regular y mejorar nuestra forma de actuar inadaptada o limitativa, conociendo nuestra forma de ser y trabajando en la dirección de superar nuestros condicionamientos de infancia. La forma de ser de las personas se forja en la infancia, en los primeros 6 años de vida. Los seres humanos nacen vulnerables y para cubrir la necesidad de supervivencia, buscan ser atendidos y protegidos. En función de distintas circunstancias se van a desarrollar y potenciar actitudes con el fin de conseguir cubrir estas necesidades. Esas actitudes de supervivencia seguirán utilizándose a lo largo de la vida, ya sean útiles o no, porque se establecieron como necesarias para la adaptación a la vida. 

El eneagrama: una forma de conocerse a sí mismo

Las actitudes que se desarrollan en la primera etapa de la vida están influenciadas por múltiples factores: la genética, la epigenética, el modelo de identificación parental… incluso la configuración familiar, la referencia con hermanos o sin ellos, etc. Por tanto en una misma estructura familiar, aún teniendo elementos de personalidad comunes entre los hijos, se producen desarrollos de personalidad totalmente diferentes en función de los mecanismos de defensa que cada persona potencie en su ambiente familiar.

Así en un ambiente familiar hostil, la forma de sobrevivir de un hijo puede ser la de inhibirse e intentar pasar desapercibido. Puede tener tendencia a desarrollar una personalidad temerosa y con necesidad de agradar para ser aceptada o para no ser rechazada. Pero también podría desarrollarse una personalidad reactiva que consiga atención y le libere de la sensación amenazante que le produce el ambiente hostil. 

La infinidad de respuestas que desarrolle la persona para enfrentarse a esa etapa de adaptación a la vida va a configurar una forma de ser única. Eso sí, con patrones que pueden ser identificativos de una tendencia a tener un tipo de personalidad o un tipo de carácter. Ese sería el eneatipo de personalidad. No se elige el eneatipo. Se desarrolla en la infancia para sentir protección y sobrevivir y se mantiene como forma de actuar y guión vital que conecta con la seguridad individual.

Por otra parte, ante situaciones vitales amenazantes o generadoras de conflicto, la persona con un determinado eneatipo puede desarrollar una actitud desintegrada o integrada. El eneagrama puede favorecer la transformación de las limitaciones que presente su eneatipo. 


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