EL DUELO: PROCESO DE AFRONTAMIENTO AFECTIVO

El duelo es un proceso doloroso que se experimenta tras una pérdida de carácter afectivo. Es un estado de profundo sopor, de aflicción y quebranto. Pero el duelo es fundamentalmente un proceso de afrontamiento, transformación y crecimiento personal ante la pérdida. La emoción que predomina en los procesos de duelo es la tristeza. La tristeza es la emoción afectiva por excelencia. Emoción que consuela y que ayuda a transitar desde lo que hubo, hacia lo que hay. Es la emoción básica que favorece la aceptación. Durante el duelo también se pasa por momentos de reactividad emocional variados dando lugar a diferentes fases en el proceso. 

El duelo está íntimamente ligado al vínculo afectivo y por tanto, las experiencias de duelo tendrán connotaciones específicas en función de cómo se ha experimentado ese vínculo. Perder a un ser querido, perder a tu pareja, a tus padres, hermanos o incluso a tus hijos… Aunque el duelo es un proceso de pérdida, no solo se circunscribe a perder a una persona a causa del fallecimiento. El duelo es pérdida en el amplio sentido de la palabra. Perder lo que pudo ser y no fue, perder un sueño, perder una relación, perder un trabajo, perder un vínculo… soñado o real. 

Perder lo que implique querer. Por eso hay duelos que son más difíciles de resolver. No solo porque se gestionen mal sino porque lo que perdemos no es real. No es lo que ocurre lo que duele, es la concepción de lo que creemos que no debería ocurrir y ocurre lo que realmente nos pesa y nos mantiene incapacitados para aceptar. ¿Cómo se va a aceptar algo que es y estamos convencidos de que no debería haber sido o que no debería haber ocurrido?


Necesidad de adaptarnos a la pérdida

Por eso es fundamental encuadrar la realidad y no negarnos a ella. Es cierto que inicialmente el shock que produce una pérdida inesperada o no deseada activa la negación. Y es fundamental respetar ese periodo, absolutamente transitorio, para ser capaces de adaptarnos a la pérdida. 

Hay que tener en cuenta que la pérdida de lo que era y ya no es, es transitar de una realidad a otra en la que cambia algo, en la que falta algo. Ese vacío perturba, nos nubla y nos aniquila. Cambia la realidad porque ya nada es igual. Y echamos de menos al ser querido, a la ilusión, a la experiencia… y solo nos quedan recuerdos. Nos quedamos en un limbo emocional donde se niega el presente. No queremos aceptarlo y vivimos conectados al pasado, lloramos y anhelamos. 

Cuando aceptamos que este presente ha cambiado y con el lloro cubrimos de afecto nuestro sentir, vamos recobrando fuerzas y entendemos que lo que fue, no es y lo que vendrá será una realidad distinta que tenemos que afrontar. Decidamos con cabeza no anclarnos en el pasado, busquemos recursos nuevos para afrontar el presente y crear otro futuro con energía renovada y fuerza para crear otra nueva realidad. 

No vale lo que pudo ser y no fue, lo que no debió ocurrir y ocurrió. O lo que pudo haberse hecho y no se hizo. No podemos entrar en la pena, en la culpa o en la rabia. No temamos aceptar el cambio de realidad. Porque es el presente lo que marca la verdad. Aunque si sentimos pena, culpa o rabia, dejemos que siga ahí hasta que fluya el sentir de generarnos amor por encima del sopor. Todo lo que nos digamos que responda a un “no puede ser” o “no lo puedo soportar”, perturba nuestra capacidad, nos debilita y nos impide aceptar.


Cómo superar el duelo emocional 

Decirnos que lo que ha pasado es. Tratarnos con amabilidad y cariño para poder utilizar los recursos de aceptación y canalización del dolor por la pérdida para llorar lo ocurrido y poder encajar la realidad. Ha ocurrido y ¿ahora qué? Preguntarnos: ¿cuál es la mejor opción para cambiar el pesar por una capacidad que nos permita crecer, ayudarnos a aprender, a resarcir el dolor, depurando con tristeza y transformarlo en amor? 

Pero hemos de intentar desconectar con el pesar de vivir. Pensar en crecer y saber qué cada paso que damos aceptando lo ocurrido, estamos capacitándonos para afrontar mucho mejor lo que queda por venir. La fase final del duelo procesado con amor, es un tránsito, una gran transformación personal de lo que fue y llegar a optimizar lo que va a  llegar a ser. Hacer un saludable duelo es abrazar el dolor, es cambiar la realidad desde el Amor de verdad. No hay que dejarse embaucar por el miedo y el pesar. 

Abraza tu dolor. Porque allí crecerá tu alma

Carl Jung


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