EL DOLOR FÍSICO COMO NUDO EMOCIONAL (II)

Cuando las sensaciones de malestar emocional no se liberan ni se regulan porque se siguen aguantando, a veces sin ser conscientes de ello, se produce estrés físico y emocional. El estrés genera alteración nerviosa, bioquímica e inmunológica. Se acumula tensión y esa tensión finalmente genera desregulación, aumenta la excitabilidad nerviosa y finalmente, genera dolor.

El dolor hace al hombre lúcido y al mundo transparente. El dolor abre perspectivas hasta el fondo.

Víktor Frankl

El dolor físico se puede expresar de forma muscular, articular, con cefaleas, dolor abdominal, neuralgia o mialgias, con dolor intenso o crónico. El dolor emocional reprimido o no atendido se expresa con malestar y dolor corporal. Es la forma en la que el cuerpo quiere dar información para cuidar nuestro estado.

El dolor: ¿Cómo podemos liberarnos de él?

El dolor nos pide que nos atendamos, paremos o dejemos de aguantar lo que nos genera daño. Ser conscientes del dolor y lo que nos está diciendo es fundamental para poder abordar y tratar de resolver lo que se esconde tras él. Hay que buscar cómo podemos saber qué es lo que sobrecarga y lo que produce conflicto, qué es lo que desconcierta, lo que confunde y afecta. Sobre todo atender a sus demandas que son las que van a aportarnos libertad en forma de equilibrio, bienestar físico y emocional.

Cada zona del cuerpo expresa un sentir. ¿Qué nos dice el dolor? Conectar con el dolor físico, a lo mejor, no va a permitir descubrir lo que se esconde tras él, pero sí va a permitir entender la reacción que el cuerpo está transmitiendo ante determinadas situaciones. Podemos tomar conciencia de lo que nos está ocurriendo de diversas formas:

– Potenciar coherencia emocional: ser conscientes de cómo nos sentimos, ante lo que vivimos, nos puede ayudar a entender nuestras resistencias de liberación emocional. Si nos gritan, o nos hablan mal, si perturban nuestro bienestar, si nos presionan, si nos sentimos forzados a hacer lo que no queremos, si vivimos una vida incoherente con nuestras emociones, estamos engañándonos, estamos escondiendo dolor emocional o miedo. 

– El cuerpo se defiende de las sensaciones que percibe como amenazantes: si nuestras convicciones, nuestra forma de pensar frente a lo que hacemos, se retrae o se anestesia ante esas amenazas, comenzamos a formar nudos. Por eso es muy importante conectar con ellas y responder con recursos actualizados. Darnos cuenta de que podemos afrontar las situaciones con más libertad y coherencia emocional. 

– Conectar con el sentir genuino, con el esencial y el íntimo: sí puede ayudarnos a tomar conciencia de lo que está pasando.

Ejercicios de liberación emocional

– Haz un listado de situaciones cotidianas que te disgustan o te incomodan. Cuántas veces haces cosas que te disgustan o que no te apetece. Observa si son proporcionales con las que haces que te gustan, te apetece y te generan bienestar. Haz una columna de obligaciones y otra de satisfacciones. Intenta darte cuenta de la sobrecarga a la que te estás sometiendo. Eso es una amenaza para tu estructura de seguridad, de equilibrio. Sé consciente, busca la forma de encontrar equilibrio.

– Prueba a redactar una lista de situaciones personales disfuncionales, de pareja, laborales, familiares. Describe lo que sucede, lo que te dicen, cómo se comportan contigo, lo que haces forzado/a por miedo, pena o culpa. Ten en cuenta que un mecanismo típico de defensa es decir que lo haces porque es tu deber, porque quieres a esa persona, o porque prefieres hacer eso que crearte un conflicto.

– Cuando tengas en cuenta una situación de interacción social, no veas solo a los demás, inclúyete tú y tus necesidades emocionales. Imagina qué pasaría si no tuvieras miedo, pena o culpa. Imagina cómo actuarías si hicieras lo que te apeteciera en lugar de forzarte a hacer lo que crees que debes, o buscar aprobación de los demás o incluso alterar el bienestar de los demás o llevarles la contraria.

– Imagina que te permitieses hacer lo que te apetece, sin sentirte necesitado/a del apoyo emocional de los demás, sin forzarte a hacer lo que realmente no te apetece. Imagina que eres capaz de decir lo que sientes, de hacer lo que quieres o necesitas en cada momento. Visualízate siendo considerado/a con tu sentir esencial.

Tareas de coherencia emocional

– Escucha lo que sientes y actúa en consecuencia. Si te sientes cansado/a y sin fuerzas, aprende a decir: hoy voy a descansar. No te fuerces a hacer lo que no quieres. Si te molesta lo que te dicen, sé consciente de que eso es así y actúa. Puedes desconectar y esperar a sentir tranquilidad. Puedes decirlo o simplemente puedes dar tu opinión constructiva, desde la expresión de tu sentir. No intentes cambiar a nadie, libera tu sentir sin esperar nada a cambio.

– Finalmente, haz una lista de tus miedos más profundos. Entenderás que muchos de tus dolores son la represión de la angustia que sientes ante ellos. Hay que escuchar al miedo y permitirlo. Observar, que por mucho que reprimas tu sentir, el miedo sigue ahí. Es una percepción emocional natural con la que tienes que conectar y aceptar, sentirte capaz de afrontar y dejar que se libere.

Las personas que funcionan bien en este mundo son las que al levantarse por la mañana buscan las circunstancias que quieren, y si no las encuentran, las inventan.

George Bernard Shaw

Si al hacerte estas observaciones te das cuenta que no eres capaz, que te vence el miedo, la cesión, la represión o la obligación, entonces escucha a tu cuerpo porque éste no te va a engañar. Los dolores que sientes te están indicando lo que estás reprimiendo.


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