EL DOLOR DE LA FELICIDAD Y EL PLACER

Tal vez la peor sensación que pueda experimentar un ser vivo, es el dolor.  El dolor físico, mental, espiritual o sentimental, como queráis definirlo. El diccionario dice que es una sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior. Todo bicho viviente ha sufrido este proceso. Al nacer, al crecer, cuando te das un golpe en alguna parte del cuerpo, cuando te rompes algo de tu anatomía, con una enfermedad. Pero no quiero ponerme trascendental con esta palabra y su significado aunque no puedo dejar de hablar del dolor de corazón. ¡Cuántas veces nos los han roto! El primer amor, la primera ruptura (digo la primera porque después, aunque te lo rompan, no duele tanto como esa primera vez), la pérdida de un ser querido. En fin, la lista es larga y no voy a enumerarla.

Sin embargo, el ser humano en general, y los adultos en particular, suele ser un poco “masoquista”. Es capaz de infringirse dolor por puro placer, porque sí. Algunos por estética, según dicen, por una moda que ellos creen, les sienta bien. Bueno, todo esto viene porque, aunque no soy de crisis emocionales, ya sea por décadas de edad o por cambios sentimentales, el otro día cuando volvía de mi caminata diaria pasé por delante de una tienda donde hacen piercings y tatuajes.

No soy partidaria de este tipo de “tortura” corporal en mi propia piel. En general odio los tatuajes en mi cuerpo pero cuando los veo en otras personas, no me parecen mal. Sin embargo, he de reconocer que tengo una debilidad por llevar muchos y pequeños pendientes en mis orejas. Tampoco es que tenga tropecientos, pero llevaba tiempo detrás de hacerme uno más y me dije “qué puñetas ¿por qué no?

Y entré, y pregunté si me iba a doler. Evidentemente la chica me dijo que no, que era un “pinchacito, un segundo nada más y listo”. Yo me lo creí. Me preparé, tomé aire y antes de soltarlo, pegué un grito que la pobre mujer casi me perfora el cráneo, pero no, era una profesional y su trabajo lo hizo perfecto. Me perforó la oreja, mi oreja, mi preciada y maravillosa oreja y me colocó un pendiente.

Ahora llevo una semana con un dolor de oreja que no es ni medio normal. No puedo dormir de lado porque veo las estrellas. No puedo rascarme la oreja, ni secarme el pelo en condiciones cuando salgo de la ducha porque me duele mi oreja. Pero cuando me miro al espejo me gusta mi nuevo pendiente. Y pienso que el ser humano es idiota, por muchas razones que no hace falta explicar, pero sobre todo porque, no aguantamos un dolor físico cuando estamos mal, nos quejamos continuamente y reclamamos una atención constante, que nos cuiden, nos mimen y entiendan nuestro sufrimiento y sin embargo, nos perforamos una parte de nuestro cuerpo que duele un montón, y somos tan felices, como si nada, y lo enseñamos como un trofeo, lo dicho, “sarna con gusto, no pica”.


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