EL ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA

El abuso sexual deja una intensa huella vital en el menor, la más inhumana posible. Cualquier conducta de abuso sobre alguien constituye un desajuste de poder donde se ve afectada la persona vulnerable. Los niños son vulnerables y, por tanto, cualquier adulto que ejerza sobre ellos poder con el fin de satisfacer sus desequilibradas necesidades o de perjudicarles para conseguir su propio beneficio, está cometiendo un acto dañino y perverso que destruye el proceso de desarrollo infantil.

Por tanto, sentir excitación al abusar sexualmente de un niño o de una niña es, en sí mismo, un patrón psicológico aberrante, abominable y potencialmente peligroso. Tanto la pedofilia, la pederastia como el sadismo sexual son parafilias. Las parafilias son patrones alterados del comportamiento sexual. En los tres casos, el objeto de deseo sexual son niños y niñas menores de 13 años.

Sin embargo, tanto el deseo como el abuso sexual de adultos hacia niños de 13 a 16 años no se considera una parafilia y, aún siendo un desajuste intenso de la conducta sexual, está muy integrado en la sociedad como una conducta posible sobre todo cuanto más se acerca la edad a la etapa adolescente. De hecho, la condescendencia ante el deseo sexual de los hombres hacia adolescentes entre 16 a 18 años, legitima la naturaleza sexual impulsiva de éstos y, en muchas ocasiones, hace que terminen siendo los menores, sobre todo si son mujeres, a los que terminan poniendo en duda o responsabilizando, socio culturalmente, de que esto se produzca. 

Parece que a los adultos atraídos sexualmente por adolescentes se les concede el privilegio de no usar su cortex cerebral para controlar sus impulsos ni para tener conciencia moral sobre sus actos, permitiendo que en estas ocasiones, el desajuste y el abuso puedan ser justificados. 

Qué penoso contraste entre la deslumbrante inteligencia del niño y las apagadas facultades mentales del adulto medio   

Sigmund Freud

La pedofilia se define como una alteración del deseo sexual, siendo los adultos los que sienten excitación o placer sexual hacia los niños, las niñas o hacia ambos sexos. Es una forma de sentir, potencialmente peligrosa y altamente desajustada.

Como es evidente, esta desviación psíquica implica un serio problema para quién la tiene porque su respuesta sexual se ve activada por cuerpos infantiles a los que se desea como objeto sexual. Así nos encontramos con pedófilos que se excitan con bebés, otros con niños o niñas hasta los 8 años, otros con pre púberes y otros en la pubertad, siempre que los cuerpos sean claramente de tipología infantil.

Pedofilia, el deseo sexual alterado

Se considera pedofilia primaria a aquella respuesta inherente a la persona y pedofilia secundaria a aquella que se desarrolla con la experiencia y con vivencias en circunstancias determinadas.

La pedofilia, aunque de etiología variada, parece que puede estar relacionada con alteraciones en el neurodesarrollo tanto en etapa intrauterina como también en la sensitiva, tras el parto. No podemos evitar pensar que tanto los aspectos epigenéticos como los genéticos pueden tener elevada influencia en la constitución del trastorno.

También, la formación de desajustes en el deseo sexual y en el desarrollo de la estructura afectivo sexual de las personas está relacionada con las experiencias que los niños han tenido durante la infancia. Así, niños muy pequeños que han vivido grandes carencias o vacíos afectivos y han sufrido o visto abuso sexual infantil en su entorno familiar, pueden desarrollar un desajuste en la respuesta sexual, combinando sensaciones equivocadas entre la reactividad sexual y la afectividad. Incluso, si esos niños han vivido y asociado violencia sexual en etapas del desarrollo donde se está formando la estructura afectiva, pueden desarrollar trastornos de sadismo sexual en la edad adulta.

En cualquier caso, sea cual sea el motivo que active el trastorno pedófilo, está relacionado con una perversión de la afectividad y de la sexualidad, bien genética, epigenética, congénita o  vivenciada y, por tanto, un desajuste que afectará a la vivencia sexual de quien lo tenga, constituyéndose en un potencial peligro para cualquier niño o niña que pueda estar cerca de ese adulto. De hecho, uno de los motivos por los que los pedófilos actúan en el ámbito intrafamiliar, de forma recurrente, es porque la cercanía constante y cotidiana con los niños y las niñas activa su excitabilidad y su deseo sexual, que aunque repriman, tarde o temprano se convierte en reforzador del deseo y del impulso, buscando el acercamiento y la intimidad, hasta llegar a ejecutar el abuso sexual.

La pedofilia, aunque es un patrón alterado de la respuesta sexual y desde luego, un trastorno del deseo sexual limitativo y dañino, no se podría considerar pederastia hasta que no se llevara a cabo el abuso hacia algún menor. 

Internet, pornografía y abuso de menores

En la actualidad, las fuentes de alimentación de la pedofilia son muchas y muy variadas porque hay un evidente y fácil acceso a redes de internet donde existe un arsenal de material pornográfico, fotografías y películas de los que muchos pedófilos se nutren para satisfacer sus deseos sexuales. También se puede ver potenciada por un deseo de llevar a cabo las conductas que, desde la imaginación hasta la observación de este material en las redes, hacen que se potencien y aumenten fantasías descarnadas en la forma  de vincularse sexualmente y abusar de cualquier niño o niña.

Lo que hay que tener en cuenta es que estas películas se ruedan con niños y niñas a los que utilizan, con los que se trafica y a los que someten a verdaderos abusos, vejaciones o torturas. El espectro tipológico de lo que se encuentra en internet, tanto de material como de películas, puede fundamentar su aberración desde lo que llaman “amor romántico con niños” hasta películas en las que disfrutan con el sadismo más siniestro y cruel. 

Por tanto, cualquier pedófilo que busque la forma de excitarse viendo películas es cómplice de la pederastia y potencial pederasta. Además refuerza y activa el deseo de llevar a cabo las prácticas que le hacen sentir excitación cuando ve las películas donde se produce abuso sexual infantil. 

 El niño es como un barro suave donde puedes grabar lo que quieras… pero esas marcas se quedan en la piel… Esas cicatrices se marcan en el corazón… Y no se borran nunca 

Zenaida Bacardi de Argamasilla

La pederastia, un negocio de menores

La pederastia es la acción de llevar a cabo los deseos pedófilos y es una conducta, en sí misma, aberrante. Se utiliza a los niños para satisfacer impulsos sexuales que van desde fantasías eróticas a las que los propios pederastas tildan de afectivas, hasta conductas sádicas de mayor o menor calado en las que los niños son torturados o dañados hasta la extenuación.

La pederastia actualmente es además un negocio en el que se  utiliza a los menores para hacer reportajes fotográficos o para hacer películas dirigidas a pedófilos que se regodean, se excitan y se refuerzan en sus malsanos deseos. Esto es lo más denigrante que puede hacer un ser humano.

El daño que causa un pederasta es lo más siniestro y asqueroso que puede existir. El trauma que genera en las víctimas, sea cual sea el tipo de conducta pederasta, es absolutamente devastador. Las depravadas conductas pederastas pueden afectar a la identidad, a la afectividad, a la personalidad y a la psique de los niños de forma variada en función de cómo, cuándo y de qué manera se hayan producido los abusos sexuales en la infancia. Todo lo que vivas en la infancia, será lo que determine tu forma de afrontar la vida adulta.

Cuando se habla de sadismo sexual, se habla de la excitación sexual cuando se daña. Cuando el perfil sádico utiliza a los niños para excitarse, la pederastia se convierte en el acto criminal más depravado que existe. La mayoría de los sádicos pueden ser observadores del daño que se hace a los niños mediante conductas de abuso, control y poder, hasta conseguir llegar a situaciones siniestras, absolutamente inhumanas. También pueden llevarlo a cabo y disfrutar del dolor, el sufrimiento y el suplicio que sienten los niños cuando son brutalmente abusados.

El  perfil del sádico y de conducta antisocial no siempre está relacionado con la pederastia, sino que muchas veces disfrutan con el acto de hacer daño, someter a sufrimiento y a martirios a los niños hasta límites insospechados.

El abuso sexual en las altas esferas

El mercado de tráfico de niños y su utilización con fines detestables y dañinos está en auge. Los perfiles pedófilos,  pederastas,  sádicos y sociópatas se retroalimentan, refuerzan su desviación y se consolidan como un poder destructivo para nuestra infancia. Estos perfiles se integran en nuestra sociedad en todas las esferas sociales y se reconocen entre ellos. Tienen sus propias consignas y formas de comunicarse. Tienen poder y forman grandes corporaciones que logran ayudarse entre ellas. Son insaciables y despiadados. No tienen escrúpulos.

El pedófilo o el pederasta que sale en las noticias es la carnaza necesaria y anónima que blanquea la aberración de un sistema social que está alimentando el negocio más detestable que existirá jamás. 

Si a lo largo de la historia, la pedofilia y la pederastia se ha consentido y la sexualidad se ha considerado un pecado durante siglos, ha sido porque realmente el sufrimiento y el daño que producía la conducta de abuso sexual se quedó reflejado en el inconsciente colectivo. La vía transgeneracional ha tildado de algo malo, a lo que realmente es algo terrible. Pero quien ha ostentado el poder, lo ha sabido generalizar a cualquier conducta de sexualidad libre, para poder seguir controlando a los vulnerables.

Y, no nos equivoquemos, no hay en la actualidad ninguna ley de protección de la infancia porque los que la promueven son los poderosos. Y a ellos no les interesa proteger a los niños sino utilizarlos. Por eso, y esa es la triste y terrible realidad, nadie mueve un dedo para acabar con la pederastia. 

(…) La perversión dominante es el sadismo, y la violencia parece mucho más característica de sus contactos íntimos que lo que puedan ser sus sentimientos sexuales o amorosos. Es posible que ni siquiera sea capaz de distinguir entre violencia y sexo. Lo seguro es que cualquier excitación parece traducirse inmediatamente en violencia.

El Alienista” (1994), Caleb Carr

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3 Comments

  • ¡Magistral! Con cada artículo que escribe esta magnífica psicóloga pienso que será imposible superarse… pero siempre lo logra.
    Normalizar algo tan aberrante como el “derecho” de un adulto a satisfacer sus degenerados deseos sexuales abusando de niños es lo más aberrante que pueda existir… pero existe. Y precisamente quienes deberían impedirlo están tan involucrados que pretenden convencernos de que sólo se trata de una “inclinación sexual más”.
    ¡NO! Por favor, miremos a nuestros hijos, a nuestros niños… y protejámoslos. En todos los sentidos. Son la ópera prima de la creación. No se merecen menos.

  • Y es que, al final, todas las formas de violencia proceden, principalmente, del género masculino.
    Esto sucedió y sucede así durante toda la historia de la humanidad.

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