DIETAS O BUENOS HÁBITOS

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Normalmente cuando tomas la decisión de adelgazar o engordar recurres a las dietas y empiezas a hacer ejercicio. Es lo que nos han enseñado. Algunos toman pastillas para drenar o quemar más calorías y otros empiezan a comer solo verdura y fruta o batidos y barritas sustitutivos. No voy a entrar en la efectividad de productos concretos pero lo que tengo claro es que las dietas jamás funcionarán sin un entendimiento previo.

De hecho, hace poco una amiga me comentó que no se encontraba a gusto con su cuerpo y que iba a comenzar a hacer dieta. A ella la gusta comer de todo pero normalmente basa su alimentación en pasta con tomate, pizza, patatas y además come fuera de casa casi todos los días. Con la idea de la dieta, mi amiga se fue al supermercado y compró solo fruta y verdura. Empezó a comérsela a la plancha, cocida, en ensalada o en puré, como si fuera un castigo. Estuvo una semana comiendo así, sin tomar nada apetecible, GRAN ERROR. Y, como os imaginaréis, ya ha dejado la dieta, ha vuelto a su rutina anterior y tiene el mismo peso que antes.

Creo que comer es de las mejores cosas de la vida. Soy de las que disfruta comiendo y por eso mismo creo que, una persona que se priva de pasárselo bien mientras come se acabará cansando de dietas. Alguien que va a un restaurante y durante años no puede comer nada que realmente le apetezca o que no pueda ir a “tomar algo” y “tomarse algo”, nunca llegará a ser feliz haciendo dieta ya que cuando la termine (incluso a veces antes de tiempo) se sentirá frustrado. Si la ha hecho el tiempo necesario tendrá efecto rebote por lo que la sensación será de haber perdido el tiempo y si no la ha hecho el tiempo necesario culpará a su fuerza de voluntad. En ambos casos el sujeto acabará psicológicamente derrotado.

Por estas razones animo a todos aquellos que no estén a gusto con su estado físico a que no hagan dietas, es mucho más sencillo que todo eso. Quedémonos con el concepto de que un animal no hace dieta. Come lo que necesita y cuando lo necesita y siempre está en su peso. Por lo que deberíamos hacer un cambio en la mente, que nos haga alimentarnos de forma sana sin hacer dietas estrictas. Empezar a comer cuando tengamos hambre (no ansiedad, si se come adecuadamente no debería haber ansiedad) y comer alimentos mas naturales, elaborados en casa, evitando precocinados, fritos y transgénicos. No hay que eliminar los hidratos de nuestra dieta, son igual de importantes que las proteínas, vitaminas, minerales… Todo en su justa medida. Comprendiendo también que la grasa no tiene porqué ser mala, como la grasa de los aguacates o de los frutos secos. Comer sano no significa tampoco que no puedas comer pasta, arroz o chocolate. Ni que no puedas saltarte “la dieta” nunca jamás, sobretodo porque no es una dieta. Es un estilo de vida. Una forma de comer.

Cuando al final adoptas este tipo hábitos en tu vida diaria, tu cuerpo por sí mismo se pone en el peso que necesita. Entonces, no pasas hambre. E incluso te encuentras con más energía física y mental. Sustituir el tomate frito por el tomate natural triturado, el huevo frito por el huevo a la plancha, el chocolate blanco por el chocolate negro, el azúcar por la Stevia o la miel, patatas fritas por patatas asadas… etc pueden ser pequeños cambios que consigan que nuestro cuerpo esté sano, en su peso y con energía para afrontar el día a día. Así que, invito a todos nuestros lectores a hacer la prueba. A dejar las dietas infernales a un lado y que se inicien en los buenos hábitos.


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