CUENTO: “ESE INDIVIDUO”

La gente se quedaba mirando a ese individuo por la calle. No era especialmente guapo, ni alto, su pelo era más bien escaso y las arrugas surcaban sus ojos. Tampoco era fornido, su figura se veía famélica. Sin embargo había algo en ese individuo que atraía las miradas de los transeúntes: su maravillosa sonrisa y su caminar erguido y relajado.

Cuando las personas temerosas y llenas de pavor le increpaban, ese individuo ampliaba su sonrisa y abría sus brazos en cruz con la clara intención de abrazar al increpador. Pocos pudieron resistirse, a pesar del riesgo para la salud que podría ocasionarles tamaña temeridad (¡ese individuo no llevaba mascarilla!).

Aquellas personas que fueron abducidas por el poder hipnótico de aquella sonrisa disfrutaron de uno de los abrazos más hermosos y sanadores que jamás habían experimentado. Un abrazo que les cambió la vida por completo. A partir de aquel momento de catarsis, nunca más volvieron a tener miedo, nunca más volvieron a usar una mascarilla porque, de alguna manera, gracias a aquel abrazo, su propia sabiduría inconsciente había salido a la superficie, sabiduría que contenía el conocimiento inequívoco de que no debían temer a nada externo porque la magia sanadora moraba en su interior. Aquellas personas por primera vez en sus vidas, fueron conscientes de que eran y siempre habían sido poderosas y de esa manera, encontraron la felicidad.


Ese individuo provoca un cambio planetario

Día tras día, cada vez más personas eran abrazadas por ese individuo y se transformaban. El fenómeno fue tal que muy pronto el mundo entero se llenó de risas y de abrazos. La gente sonreía y mostraba su cara sin miedo. Caras hermosas en algunos casos, feas en otros. No importaba porque su sabiduría interior les llenaba de gozo y de comprensión. Por fin entendieron que todos pertenecían a un Todo que iba mucho más allá de apariencias, de temores, de enfermedades. Un Todo de plenitud y felicidad.

Mientras la felicidad se estaba implantando en el mundo, ese individuo continuaba caminando erguido, relajado y sonriente, ajeno a lo que acontecía.

Ese individuo no tiene nombre. Ese individuo no necesita nombre porque ese individuo eres tú.


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