Cómo fomentar la lectura a los niños

Se acercan fechas señaladas, y a veces no hemos podido tener tiempo para pensar qué regalar a los más pequeños de la casa. Desde It-Magazine apostamos por la imaginación y el talento, así como la cultura y el arte, por lo que hemos decidido aprovechar el día de hoy para compartir unas pautas que pueden ayudar a inculcar la literatura a los niños.

Hay dos formas muy dinámicas para iniciar a las nuevas generaciones a cultivar el gusto por las letras. Una, educomunicadora y mucho más interactiva, mediante juegos de mesa -o electrónicos- para crear historias personalizadas, enseñando a los niños a crear sus propios cuentos sin límites. Si bien contamos con pasatiempos más sofisticados, como libros que “crean nuestra propia aventura” o juegos de mesa con sus respectivas tarjetas, en realidad no serían necesarios materiales extraordinarios salvo un lápiz y un papel que nos permita tomar notas.

Hablar con nuestros niños sobre qué opinan de un cuento o un personaje ayuda a que su creatividad no se estanque en los límites del final que se impone a las historias. Preguntas tales como “¿qué opinas de Cenicienta?” o “¿Y si Gulliver no hubiera sido un gigante?” nos acercan más a ellos y a sus gustos. Dar la vuelta a los cuentos más populares también es una decisión espontánea que ayuda a explotar el ingenio: “¿y si Caperucita Roja no quisiera a su abuela?”, “¿Y si Ariel hubiera sido humana y Eric del mundo acuático, cómo hubiera transcurrido la historia, habría luchado él por su enamorada?”.

Libros para niños
Los niños pueden disfrutar con la lectura en grupo

Por otro lado, y ya para satisfacer exigencias culturales, podemos hacer lo mismo con historias de la mitología griega, de tal forma que los niños tengan así una base más enriquecida al crecer.

La segunda opción para despertarles un interés por la lectura, es el método tradicional imperante para aproximarlos a los libros. ‘Brains International Schools’ considera clave no insistir o presionarles a la lectura en sí, y por supuesto, respetar sus gustos a la hora de escoger un libro.

Querer imponer a nuestros hijos qué leer no sólo provocará que una posible afición sea desagradable de entrada, sino que es una orden que menosprecia su criterio personal y les hace creer que su capacidad de decisión es inválida. Ellos mismos tienen que elegir qué leer, y si un libro no les gusta, dejarlo o cambiarlo por otro. Un lector empedernido no es aquel que lee sin pensar; sino quien tiene claras sus inclinaciones y disfruta analizando todo tipo de estilos literarios. Además, leer un libro a disgusto nos impediría disfrutar de otros más acertados.

Un detalle importante que puede ensombrecer la imagen de un libro, es su estrecha relación con el mundo académico o el estudio sacrificado. Exponerlos como algo provechoso o interesante, es dar a entender que son una herramienta educativa siempre amiga.

Aunque es recomendable fijar una rutina diaria o semanal para acercar a los niños a la lectura, hay que comprender que a veces se encuentren demasiado cansados, o que no están de humor para concentrarse en la historia. Recordemos: debe ser un pasatiempo agradable y flexible; no resulta negativo estar un par de días sin leer, o hacerlo a la tarde en vez de por la mañana. Tampoco hay que reclamar a los niños un número determinado de hojas leídas: conviene incentivarles una autonomía, libre y acorde a sus gustos y apetencias.

Resulta necesario adecuarse a las nuevas tecnologías y considerar las apps, plataformas y espacios electrónicos que difunden libros de toda clase y aceptan una recepción de los mismos. Tanto el papel como la tinta electrónica son dos aliados capaces de convivir entre sí; es importante dejar que los niños exploren según sus intereses, siempre bajo la atenta mirada de un responsable adulto. Los libros electrónicos son una realidad: puede que tus hijos acaben deseando cultivar la escritura.

Por último, interesarnos por las lecturas de los más pequeños es una gran forma de involucrarnos en sus aficiones y a hacerles sentirse apreciados, mientras se les alienta a continuar leyendo. Preguntarles qué historias son sus preferidas y por qué, o por el final de un cuento, ayuda a reforzar su raciocinio, la comprensión lectora y la expresión. También es efectivo predicar con el ejemplo y hablarles de nuestras opiniones al respecto de una historia concreta o un libro ya leído: nos harán forjar una relación más estrecha con ellos.

Estas fiestas, ¡regala un libro!

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