CÓMO ACTÚAN LAS PERSONAS TÓXICAS

Las personas tóxicas siempre aparecen en nuestras vidas por mucho que intentemos cuidarnos de ellas. Sin embargo, desde It-Magazine nos gusta fomentar los hábitos saludables, la perseverancia y las ideas constructivas, porque una actitud basada en la ansiedad o la negatividad entorpece a nuestras metas y acaba con el amor propio.

Con este artículo, publicado bajo petición por uno de nuestros lectores, queremos señalar qué rasgos son los más significativos a la hora de asegurarnos si una persona es tóxica o no.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que una persona tóxica no es feliz. Su inteligencia emocional es cuasi escasa, pues se frustran con facilidad, además de tener arranques de ira y picos de humor con tristeza, sin la capacidad de comprender el motivo. También carecen del sentido del deber: no se responsabilizan de sus actos ni los efectos que éstos puedan ocasionar, tanto a corto como a largo plazo. En definitiva, carecen de esa solvencia emocional con la que poder asegurarse día a día un bienestar estable y una felicidad real.

Las personas tóxicas están en cualquier parte
Las personas tóxicas están en cualquier parte

Tampoco comparten empatía a la hora de alegrarse por los logros ajenos. No dedicarán palabras de aliento o entusiasmo cuando se les manifiesten buenas noticias. Al principio puede parecer que sí, e incluso están ahí celebrándolo con la otra persona, pero sutilmente, la gente tóxica dejará entrever lo incómoda que se siente ante los éxitos de los demás, incapaces de prestar atención o apoyo cuando más se necesita. De hecho, su comportamiento se invertirá, y dicha persona hará acto de presencia cuando haya un fracaso, para intensificar más aún un mal día.

Por otro lado, una persona tóxica se caracteriza por el profundo sentimiento de envidia que les invade firmemente. Desean lo que no tienen, y odian a quien sí lo ha conseguido. Exteriorizan desprecios y odio sin poder controlarlo; tampoco se esfuerzan por cambiar sus logros ni luchan por una meta provechosa. Vemos así una fuente de constante sufrimiento, la cual enfocan para ser catalogados de víctimas. Esta estrategia les permite ser validadas y disponer a su antojo de los recursos y energías del resto: el rol de víctima serviría también, en mayor o menor grado, para justificar sus comentarios dañinos (“tenía un mal día”, “estaba ocupado”, “la culpa es de esta persona”, “es que no me entiendo ni yo, no sé qué hacer” son algunas de las excusas que alegan después).

De hecho, su discurso guarda una visión muy pesimista. Sus frases se componen de quejas, críticas e incluso burlas. Siempre tienen un comentario que lapida el optimismo del contrario, haciéndole caer en la desmotivación o fatiga. Intentan que una meta nunca llegue a cumplirse, o que parezca que requiere de un titánico esfuerzo.

A su vez, su victimización les consiente ser el centro de atención. Las personas tóxicas hablan continuamente de sí mismas, hasta rozar el exceso. Les encanta que se les alaben sus actos, y en ocasiones empujan a los demás a pensar que deben atenderlas y siempre tenidas en cuenta. En ocasiones esta línea puede rozar el acoso, convirtiéndose en alguien muy absorbente.

Una relación (bien sea de amistad, pareja o laboral) absorbente se da cuando la persona tiene una gran necesidad de atención y contacto permanente con el otro, y no quiere ni tampoco puede ceder espacio propio. A su vez, no permite que la otra persona disfrute de su independencia. Esto puede verse, también, cuando hay varias llamadas telefónicas al día, e incluso consecutivas, así como varios mensajes por otras redes sociales (twitter, instagram, telegram, whatsapp etc). Tampoco consienten que la otra persona guarde parte de su ser en la intimidad: les preguntan a dónde van, con quién, qué han hablado, cómo, cuáles son los próximos planes etc. Si no sucumbe a sus exigencias, las personas tóxicas rápidamente intentarán hacer sentirle culpable (“pues no entiendo por qué no me lo dices”, “yo sí confío en ti”, “yo te cuento todo”, “eso es que me estás ocultando algo” son comentarios comunes en situaciones así).

De la toxicidad a ser absorbente hay otro nivel más: los celos. Y no es algo que suceda únicamente en una relación amorosa: hay amistades que no toleran que sus contactos hablen con más gente, demostrando así que no hay tolerancia o cariño, sino un creciente deseo de posesión.

Las personas tóxicas son manipuladoras y, por ende, nada honestas. Con sus mentiras pretenden, entre otras cosas, herir a los demás, aislándoles del resto o haciéndoles sentir peor. Son personas que tienen la necesidad de sentirse superiores y controlarles. El acoso silencioso en trabajos o aulas tiene siempre una raíz tóxica.

Por último, las personas tóxicas nunca piden disculpas y, en el caso de que lo hagan, no serán sinceras. Lo mismo con sus promesas: fingen un interés y una palabra transparente, pero en verdad todo son artimañas para someter a quien deposita su confianza en ellas.

Este artículo está basado en aportes de los psicólogos Juan Armando Corbin y Sergio De Dios González.

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