BIENVENIDOS A GRAN HERMANO

Entrados ya en el siglo XXI nos preguntamos hacia dónde va la Humanidad. Muchas son las voces que están pidiendo a gritos la caída del meteorito. Y es que mientras una empresa privada lanza satélites al espacio exterior y lo retransmite por una red social, hay una inmensa mayoría que está viendo cómo dos señoras intentan sacarse una foto sin “ponerse tan flamencas”. La época que nos ha tocado vivir no la estamos viviendo en realidad, solo miramos cómo pasa el tiempo con los ojos puestos en una pantalla. Y los contenidos y continentes son una enormidad.

En el año 2000 apareció en nuestras vidas un nuevo formato de programa muy innovador en televisión: Gran Hermano. Lo anunciaban como “la vida en directo”. Sin teléfono, sin comunicación con el exterior y teniendo que ganarse el sustento mediante pruebas muy locas. La premisa era estar encerrados y convivir rodeados de cámaras y micrófonos. Personas frente a un desafío y todo el país pendiente de ellas: voyerismo en estado puro. Algo más de veinte años han transcurrido desde entonces pero poco ha cambiado. La gran pantalla se ha reducido y la calidad de las imágenes han mejorado. ¿Qué sigue igual? Continuamos asistiendo a la “vida en directo”.

Las redes sociales gobiernan. Hoy en día la ingeniería social y mediática están por encima de las personas. Ya no se estudia, no leemos libros, no ejercitamos la escritura con bolígrafo, no escuchamos, no somos capaces de hacer una suma sin la calculadora. Cualquier duda existencial la resolvemos consultando internet. Pero hay que tener mucho cuidado y ser muy crítico con lo que se ve y se escucha en las redes sociales. Son ingentes la cantidad de personas que hacen lo que sea por salir y hacerse ver en la pequeña pantalla. Hay mucho “todólogo” y expertos que aduciendo a un “estudio realizado en la universidad de Tolosabe”, te cuentan las maravillas de algún producto. Y te engañan haciendo demostraciones y experimentos en directo e interrogando a los supuestos beneficiarios.

La reciente campaña “vacuna sí/vacuna no” ha sido un ejemplo claro. Las personas señalándose unas a otras por un pinchazo (o dos, o tres), las faltas de respeto y la policía de balcón con sus intolerancias, han sido de vergüenza ajena para la sociedad actual. Qué ejemplo estamos dando a las generaciones futuras cuando estudien esa parte de la Historia. Y no solo contentos con eso han convertido un tema de salud en piedras para arrojarse unos a otros. Pero eso sí, todo a través de las redes sociales, nunca cara a cara. La figura del troll en internet adquiere otra dimensión.

Luego están todos esos aspirantes a gurús, salvapatrias, narcisistas y timadores de internet. Lo que se conoce como “influencers”. Los canales de YouTube y de TikTok así lo certifican. Y es que cuando a alguien se le ocurre un reto viral, el asunto se torna dramático. Quién no se acuerda del reto de la “ballena azul” donde los adolescentes iban superando pruebas cada vez más peligrosas para terminar suicidándose. Uno de los retos más reciente es “la caza del pijo” donde se dan palizas a gente pudiente y se suben a internet. Hoy día todo se graba y se comparte buscando un “like”. Agresiones, violaciones y vejaciones inundan la red como si fueran algo digno de compartir entre los jóvenes.

Igualmente preocupante es el uso que le dan a las redes sociales ciertos adultos. La sociedad actual se mueve cual manada necesitada de un líder. Y si éste nos confirma en nuestro sesgo, aún mejor. Los partidos políticos han visto el filón y las usan para sus proclamas. Pero cuando surgen las voces discrepantes tienen la potestad para matarlas virtualmente mediante el bloqueo.

Uno de los diputados del Congreso nombrado Secretario de Transparencia y Democracia Participativa por su partido y que en su blog reza “espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa”, es muy aficionado a estos asesinatos virtuales. En cuando alguien le pregunta si es verdad lo de su amistad con Kote Cabezudo, lo bloquea sin más opción. Hay otro diputado con un particular sentido del humor ya que, cuando alguien le insulta automáticamente lo retuitea. Y es que en la profesión que han elegido ha de estar implícita la discrepancia y tolerar las expresiones bien de sus votantes bien de los partidos contrarios.

Hacer un buen uso de las redes sociales no está al alcance de cualquiera. Todo ha de ser en su justa medida. Hay personas que abren una cuenta para mirar la vida de los demás. Hay otras personas que abren una cuenta para contar su vida. Pero hay otras (pocas) que nos invaden a diario con sus historias… algunas tan descabelladas que cuesta mucho creerlas. Y es que cuando un médico con titulación te cuenta que Jesucristo tuvo cáncer por el stress causado por sus “odiadores”…


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