BARCELONA: ¿ROMANTICISMO O FENÓMENO DE MASAS?

Ya son muchas las noches en las que el brillo del fuego se refleja en el oscuro asfalto. Demasiados cánticos gritados que interrumpen el silencio impuesto en las noches de la Ciudad Condal. La ciudadanía parece sumida en el desconcierto de no poder evitar unos disturbios que rompen la calma impuesta por el estado de alarma. El fuego y los gritos resuenan con más fuerza ahora que las ciudades se han acostumbrado a una soledad obligada por la pandemia que con tanta fuerza azota esta parte del territorio de España.

Esta es la presentación de unos disturbios para muchos no entendidos. No obstante para otros, no es más que la representación romántica de una protesta por un encarcelamiento injusto. Avalada por firmas de artistas de nuestro país que luchan por la libertad de expresión, legitimados por el discurso de miembros del gobierno que cuestionan la calidad democrática de España e incitan a la sociedad a salir a las calles a protestar, cuestionando la respuesta policial. Y ante esto parece interesante como la masa responde ante las incitaciones de tomar las calles, como si de un niño enfadado se tratase.

Disturbios en Barcelona: masas manipulables

Para comprender qué sucede en Barcelona debemos entender que las masas presentan unas características especiales tales como la impulsividad, incapacidad de razonar y la ausencia de juicio, el espíritu crítico, irónicamente eso que quieren reclamar y que como masa han perdido. Muchos han sido los cuestionamientos que se han hecho hacia los motivos de las protestas y sin embargo éstas han continuado. Es probable que encontremos la respuesta en estas características: la masa es manipulable y carente de inteligencia como grupo.

De la misma manera comprenderemos la escalada de la violencia si entendemos que la violencia de los sentimientos de la masa también se incrementa. Esto se debe a la disolución de la responsabilidad. El individuo no interpreta las acciones como personales sino como grupales. De esta manera la impunidad aumenta conforme lo hace el tamaño del grupo. El romanticismo de las protestas de Barcelona no es mas que la fuerza que toda masa posee. No obstante, también esta descrito que el nivel intelectual de los individuos desciende cuando pasan a formar parte de estos grupos y aumenta su intolerancia y autoritarismo, características propias de grupos que nada representan con aquello que se pretende defender.

Las imágenes ya virales en Barcelona donde los individuos que la forman nos dejan secuencias propias de programas de humor, son síntomas de preocupación en unos disturbios que ya son habituales en la comunidad autónoma. Barcelona, antes conocida por su diversidad cultural y su industria. Ahora simplemente es noticia por los altercados que cada noche azotan sus ciudades. Nos recuerdan que estos incidentes han protagonizado delitos graves como un intento de homicidio a un agente de la autoridad.

La masa da al individuo un poder ilimitado

En este último periodo han sido muchos que, pese a su avanzada edad han alzado su voz recordando la oscuridad de la dictadura española. Siendo condenados por militares en un partido político. Fueron los últimos presos políticos de nuestro país. Por sus heridas, por respeto no es legítimo igualar quien lucho por la democracia a quien la puso en peligro. No es libertad de expresión difundir amenazas de forma explícita en una canción. No por ser cantante podemos rehacer el relato y que el agresor se convierta en héroe siendo un testigo de un proceso judicial la víctima de una agresión, pues entonces hablaríamos de él como un mero verdugo.

Para comprender la crítica de este articulo debemos comprender que la masa da al individuo una percepción de poder ilimitado. Por eso parece un ejercicio de irresponsabilidad de la misma magnitud que los políticos que representan nuestra nación, alienten a este grupo a tomar las calles en nombre de la defensa de la libertad de expresión. Un derecho fundamental y un aval que puede suponer mas votos en unas elecciones. Es importante comprender que la simbología difusa alza a los movimientos extremos que ensalzan aquella simbología que nos representa.

El gobierno cuestiona la democracia

Dialogar sobre márgenes ambiguos puede ser peligroso en una democracia. Los grupos políticos y los movimientos sociales que les acompañan están obligados a saber que la policía está legitimada para utilizar la fuerza, para hacer cumplir la ley y preservar la paz en democracia. Los sillones del Congreso de los Diputados no pueden arrojar gasolina hacia quien garantiza la seguridad de los ciudadanos. Las instituciones de la democracia deben ser pilares sólidos apuntalados. La política criminal explica esta manipulación encubierta que pretende señalar a determinados grupos como enemigos de la libertad, señalando con el dedo e incitando unas manifestaciones que serán recompensadas en futuras elecciones.

No olvidemos que la democracia se evalúa por cada acción. Cada decisión hace que un país sea merecedor del lugar que ocupa o que deba revaluar su lugar en la historia. Las revoluciones obreras no pueden venir de la clase política. Es incoherente señalar el mismo que aprieta el gatillo, porque el resultado de la revuelta sería sin lugar a dudas mejoras para la misma clase dirigente.


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