LA IMPORTANCIA DEL AUTOCUIDADO EN LA MATERNIDAD

El autocuidado es muy importante para poder tener una vida equilibrada mentalmente. La llegada de un bebé al núcleo familiar pone tu mundo «patas arriba». Empiezas a vivir en una constante montaña rusa de emociones porque no solo tienes que enfrentarte a lo nuevo, sino también a lo viejo como aquellas emociones, miedos e inseguridades que dejaste aparcadas en un rincón de tu infancia y que, con la llegada del nuevo integrante de la familia, comienzan a despertar de nuevo. Cuando eres padre o madre tienes que estar psicológicamente sano y saber gestionar tus emociones. Si no lo estás, deberías buscar ayuda profesional porque si los progenitores no están bien, los menores tampoco lo estarán ni podrás hacer una crianza respetuosa.

El primer año de vida del bebé pasa muy rápido. Casi no te da tiempo a asimilar la nueva situación, ni eres consciente de los cambios que se están produciendo dentro de ti, ni del desgaste físico y emocional por el que atraviesas. Esta consciencia se toma mucho antes cuando llega un segundo miembro. Agobios, dudas, incertidumbre sobre si lo estaréis haciendo bien, los opinólogos, la culpa… Si no gestionaste bien tus emociones, ni asimilaste bien los cambios del primer bebé, con el segundo todo se desmorona mucho antes porque todo es mucho más intenso.

No te da tiempo a reflexionar sobre nada, ni a saborear cada momento con calma. Prisas y más prisas, pero hay que saber parar y encontrar el tiempo de autocuidado, aunque se lo tengas que quitar a otra cosa, pero el cuidado de uno mismo no es negociable. Muchas veces las parejas sienten la presión de la sociedad o de familia y amigos sobre la decisión de tener hijos. Te pintan la maternidad como la experiencia más maravillosa del mundo. Y lo es pero también hay sombras entre tanta luz. Y eso también te lo deberían de contar. Parece como si se quisiera ocultar esa parte fea de la maternidad porque está mal que te quejes o porque hay que aguantar lo que sea para no quedar como una mala madre. Aunque eso implique invadir la línea de tu propio respeto y autocuidado.

El problema no son los sentimientos y estados negativos por los que pasa una madre, sino que nadie te enseña a escucharte y a respetar lo que estás sintiendo en ese momento. Como pocas personas te comprenden parece que pecas de egoísta por ser comprensiva contigo misma y hablarte con cariño. Pero no, no eres egoísta. Tienes derecho a hacerlo y tienes derecho a enfadarte, a estar desbordada, a estar de bajón y nadie debería juzgarte por ello porque es lo más normal del mundo.

La situación te lleva a límites que nunca jamás creíste que podías llegar y no debes sentirte mal por ello porque tú no eres así. Simplemente estás en fase de recuperación y adaptación. A veces esa falta de control te hace más vulnerable y que tengas más cambios de humor. Pero pasará y no tienes que sentirte culpable por sentir rabia, cansancio o agobio. Muchas veces la culpa está relacionada con la falta de empatía, de comprensión y tacto por parte del entorno más cercano que te presiona para que siempre tengas una sonrisa en la cara.


¿Qué es el autocuidado?

El autocuidado es un conjunto de acciones que benefician a tu salud y a tu bienestar. Ese conjunto de acciones definirán tus hábitos de vida y en función de cómo la lleves, así será tu autocuidado. Por eso debes tomar conciencia de tu comportamiento y de lo que estás sintiendo en cada momento. La alimentación es casi de las primeras cosas que se descuidan cuando se tienen desajustes mentales y hormonales. Una buena alimentación equilibrada y variada puede hacer que tu mente se sienta mejor porque está recibiendo nutrientes y combustible de sobra para no tener que sufrir un sobre esfuerzo y trabajar de más.

Párate a pensar qué estás sintiendo en cada momento y si esa emoción te está llevando a querer consumir ciertos tipos de alimentos. El autocuidado también es aprender a calmar nuestras emociones pero no con comida. Si no te sientes capaz de hacerlo de propia voluntad o sola, busca ayuda profesional. El autocuidado es un compromiso con uno mismo, no es un capricho, ni «darte un capricho». Los bebés están estrechamente conectados con los padres, más bien con la figura materna. Así que si no estás mentalmente bien y fuerte, ellos tampoco. Notarás al bebé más inquieto y con cierto malestar. Eso es una realidad. Cuando cuidas de ti y ves los buenos resultados, te sientes mucho mejor y todo a tu alrededor también lo está.

Lo importante no es que lo hagas todo super bien, que tengas una sonrisa de oreja a oreja. Lo importante es estar con el bebé al 100% porque tu bebé te necesita a ti y a tus brazos. El autocuidado tiene que ser desde dentro, desarrollando una comprensión a ti misma, quererte y mimarte, pero todo a través de un diálogo interno en el que utilices buenas palabras hacia tu propia persona, qué te dices cuando te ves en el espejo con ojeras y aspecto desaliñado. Tu bebé no te va a querer más porque tengas físicamente mejor aspecto o una piel reluciente.

Tu bebé va a estar bien porque tiene a una madre presente que se quiere, que se entiende y que respeta los tiempos (los de ella y los del bebé). Esa es la clave del autocuidado. No la confundas con la de darte un masaje, un largo baño, irte de compras o a un spa. Todo eso está bien, ayuda y relaja, pero no es ni suficiente ni la solución para ti.


Atención psicológica en el posparto

Cuando el bebé llega, la madre pasa a un segundo o a un último plano; a veces incluso, se vuelve invisible. Si la madre está bien físicamente, pocas veces importa lo demás y pocas veces el entorno más cercano te cuida, ni te entiende. Una vez que han pasado los cuarenta días ya no tienes dolores y puedes hacer esfuerzos físicos, lo demás no importa. La mayoría de las personas piensan que el posparto dura solamente la cuarentena. Después la madre vuelve a ser la que era como por arte de magia. Lo que no saben es que el posparto puede durar hasta dos años.

En este tiempo puede aparecer la depresión posparto que muchos piensan que es estar triste y que ya se te pasará. Pero abarca mucho más: tristeza profunda, ansiedad, irritabilidad, cambios de humor, sentimientos de culpa, de inutilidad, cambios en el apetito, insomnio, angustia, desgana y dificultad para concentrarse. La depresión posparto es algo que no se visibiliza en nuestra sociedad pero que sucede de manera muy frecuente debido a los intensos cambios que sufre la madre durante los primeros meses tras el parto. Por eso es tan importante el apoyo del entorno y que en la mayoría de las ocasiones, no se tiene. Estos cambios a veces, se agravan cuando llega un segundo hijo.

Así que si estás esperando un bebé o acabas de tenerlo, no dejes de lado tus sentimientos y tus emociones. Aprende a gestionarlas y busca ayuda profesional si fuera necesario. Y tú, si eres parte del entorno cercano de una mujer que acaba de ser madre, trátala con cariño y respeta sus cambios de humor. Todo esto pasará porque forma parte del proceso de recuperación. No tiene nada contra ti…


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