¡AQUÍ VENIMOS A SER FELICES!

¡Aquí venimos a ser felices! ¿Por qué no? ¿Qué nos impide serlo? ¿La situación geopolítica? ¿La situación social y económica? ¿Las terribles noticias que, día tras día, aparecen en la tele? ¡Todo eso son paparruchas! Nada de eso es real para nosotros, porque lo único real que tenemos es nuestro mundo interior, nuestras sensaciones y sentimientos presentes, lo que experimentamos en este mismo instante de tiempo. El resto es basura externa que pretende salpicar nuestra alma y corazón y enturbiar la luz que cada uno de nosotros lleva dentro.

El lema “aquí venimos a ser felices” lo sigue a rajatabla nuestra mascota, pongamos un perro. Un perro es feliz a cada instante, aunque haya momentos en los que se sienta triste, herido o angustiado. Sin embargo, en un cómputo global es feliz. ¿Por qué? Porque el animal busca continuamente la manera de experimentar con sus agudizados sentidos nuevos olores que le produzcan placer aquí y ahora, o tal vez se tumba en su lugar favorito de la casa y se echa una cabezadita y olvida todas sus tristezas, o quizá se acerca a su dueño con ojos melosos para que éste se ablande y lo acaricie y así conseguir la ración de felicidad que disipe toda la sensación de tristeza que haya podido sentir en el pasado.

Nuestra mascota tiene la clave de la felicidad

Un perro nunca se centra en la infelicidad, siempre busca sensaciones placenteras, las encuentra muy rápido y entiende perfectamente que el pasado y el futuro no existe, lo único que existe es el presente. En cambio el ser humano no es así. El ser humano se ceba con los eventos que percibe como negativos, sean internos o externos, durante horas, días, semanas, meses, años o incluso toda la vida, en vez de centrarse en buscar, como lo hace el perro, sensaciones placenteras justo después de experimentar lo negativo y así olvidar ese episodio que tan infeliz le hace.

En resumidas cuentas, el ser humano solo vive en el pasado y en el futuro y no es capaz de comprender que a esta existencia venimos a ser felices, aquí y ahora, y que el pasado y el futuro son solo jugarretas de nuestra imperfecta percepción. Tomemos ejemplo de nuestras mascotas, son mucho más sabias que nosotros, y … ¡seamos felices ya!


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