Apego desorganizado: un monstruo invisible

En psicología, el apego desorganizado es sumamente destructivo. Se da cuando el cuidador de la víctima, particularmente desde que son niños pequeños o incluso bebés, tiene un comportamiento agresivo y violento con intenciones abusivas. Es por esto que se añade el término “desorganizado”: porque los cuidadores actúan de una manera desorganizada, imprevisible.

En el caso de la víctima, se denomina así debido a que son incapaces de lograr establecer un patrón general de sus respuestas afectivas tanto en las manifiestas como en las internas.

Al darse entonces una situación en la que la persona que debiera proteger, toma una actitud maltratadora, el niño que está a su cargo sufrirá de un desequilibrio interno muy fuerte. Acertadamente, el apego desorganizado se considera maltrato infantil, relacionado desde su origen con ambientes familiares patológicos.


Trastornos como medio de defensa

El instinto del bebé le empuja a pensar que no podrá sobrevivir sin su cuidador, por lo que intentará mantenerse próximo a él, soportando lo mejor posible las agresiones. De esta forma, desarrollará una estrategia basada en la disociación, si se diera el caso de que reaccionar ante los malos tratos (gritar, defenderse) no funcionara.

De hecho, en numerosas situaciones se observan grandes lapsos en su razonamiento o discurso dado a su capacidad de disociarse, pues sus vivencias son tan traumáticas que tienen el potencial de generar una desconexión a nivel cerebral. Debido a su alto nivel de estrés, pueden ausentarse involuntariamente, repercutiendo en su capacidad de atención y concentración. La hipervigilancia es otra de las consecuencias del apego desorganizado: al no contar con un espacio seguro, el estrés y la ansiedad les lleva a ese punto de paranoia y constante análisis.

Esta solución disociativa sólo provoca que el niño no sienta deseos de alejarse por completo de su cuidador, buscando un modo de ejercer control sobre él. En la mayoría de las ocasiones, al crecer, estas víctimas se vuelven agresivas y atacan a su entonces maltratador, mientras que por otro lado hay quien opta por ser sus asistentes o guardianes. Esto sucede porque, por un lado, las víctimas temen a sus abusadores, pero por otro lado desean su amor o aceptación y no conocen otro modo de vida.


Consecuencias del apego desorganizado: no sólo duelen los golpes

La conducta extremista es una de ellas; debido a que las víctimas no suelen tratar con niños de su edad ni a entablar un contacto profundo con sus cuidadores, desarrollan una conducta que altera su sistema nervioso. Al no contar con las habilidades sociales necesarias, las víctimas no saben cómo actuar ante ciertas situaciones, y más si son públicas.

Esto suele desembocar en un trastorno depresivo de angustia, ya que la tristeza, la indiferencia o el enfado son las emociones más comunes en estos sujetos, los cuales no pueden controlar la situación que viven pero, a su vez, la necesitan. La falta de motivación también es un rasgo que los caracteriza, pudiendo llevarles a un estado de ánimo deprimido o a comportamientos autodestructivos en los casos más pronunciados, detonando en un trastorno de estrés postraumático.

Todos podemos sufrir apego desorganizado
El apego desorganizado es una forma de maltrato infantil

Este artículo puede ayudarnos a reflexionar a que es erróneo pensar que cuando los niños son pequeños, no pueden comprender o acordarse de lo que ocurre a su alrededor. Al no contar con una figura protectora que les brinde amor o seguridad, los niños con apego desorganizado se vuelven inseguros y distantes, rehuyendo de la socialización. También se ha dado el caso de desconfianza ante el contacto físico, particularmente de los adultos. Una víctima abusada de esta forma puede generar una mala imagen de sí misma. Incluso creer que es la causa del descontrol de sus cuidadores, llevándose a representarse a sí mismo como una persona mala, inadecuada o absurda. De esta forma, perciben que el mundo es un lugar cruel con una serie de normas que ellos son incapaces de seguir por más que se esfuercen, pues se ven como un problema o un defecto.

Consecuentemente, los niños que padecen de afecto desorganizado suelen tener sentimientos de inferioridad, manifestados en comportamientos de timidez, ansiedad y miedo. La hiperactividad también puede manifestarse, con el objetivo de llamar la atención de quienes le rodean en un intento desesperado de obtener los refuerzos que no encuentran por los caminos naturales.

Los niños son el futuro: brindémosles lo mejor de nosotros; desde el cariño debemos concederles comprensión, seguridad, amor y protección. En It-Magazine continuamos dando voz a lo que se silencia.

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