ADOCTRINAMIENTO EN LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Hoy en día nadie discute sobre los beneficios de la Educación y su importancia para el desarrollo humano. En un nivel general, la Humanidad ha encontrado la herramienta universal para erigir sus sociedades. Ha podido consolidar pautas globales para hacerlo en la institución que es igual o casi igual en todo el mundo: en la escuela.

La escuela o la academia es un concepto que funciona igual en todas las civilizaciones, es un centro de aprendizaje en la Educación. Consiste en una institución constituida para impartir saberes, en donde la sociedad va a compartir el conocimiento. Unos lo imparten y otros lo incorporan. La lógica es así y es muy similar en todo el planeta.

Muchos países han alcanzado grandes resultados con la Educación, por lo que se ha establecido que sea obligatoria ante tales resultados. Es decir, que educarse es un derecho y una obligación a la vez y se nos debe de garantizar el acceso para poder hacerlo. Prácticamente en el mundo es así, por algo están las diferentes convenciones de Derechos Humanos que así lo dictaminan.

¿Adoctrinamiento político?

¿Pero qué gano yo explicando lo obvio? Bueno mis queridos lectores, parece que hay que volver a explicarlo y recordarlo. Pareciera que en varios países del mundo, las fuerzas del poder están usando los recursos públicos para lavar las cabezas de forma sistemática. ¿Pero es nuevo este fenómeno? No lo creo. Lo que es nuevo son las  formas absurdas en que se subestima a la ciudadanía. Es innovadora la saña con la que se empecinan en instalar o querer instalar verdades absolutas en la era de la información. 

La parte sensible de este flagelo está en que afecta a los niños. La tendencia actual es instalar mecanismos institucionales públicos para que los Estados obliguen a los niños a absorber contenido de educación sexual, de temas de género o de las nuevas formas, que muchos actores de poder ligados a la izquierda, comprenden que se debe aplicar al lenguaje, en lo que denominan el «lenguaje inclusivo». Lo grave no es que alguien hable con las vocales distorsionadas. Lo grave es que se nos imponga a hacerlo y se nos sancione por decir “todos en vez de todes”.

El adoctrinamiento político es lo más clásico. El siglo XX nos dejó la enseñanza de los métodos de propaganda más aberrantes aplicados por los totalitarismos más tiranos de la Historia. Varios países todavía siguen replicando estas prácticas y son países de los más desarrollados. Parece que no hemos aprendido nada, o mejor dicho, al parecer solemos aprender solamente lo malo de cada época.  

Me voy a contener de nombrar a algún país en particular porque sabemos que aún en la actualidad los Estados siguen creando mártires y falsos próceres, en donde obligan a incorporar en los planes de estudio estas creaciones. En este sentido, también gracias a Internet, hoy nos enteramos de que nos contaron solo una parte.

Pero voy a mencionar los casos del «Che» Guevara y Evita Perón. Comparten en común que nacieron en el país, con la majestuosa capacidad única en el planeta de crear iconos populares, cuya vida personal y uso del poder fue todo lo contrario a la leyenda que se les quiere hacer creer que fueron. Con decir que facciones de la comunidad LGBT y agrupaciones defensoras de derechos de la diversidad, reivindican a este héroe comunista argentino, quien en su vida fue un gran detractor y enemigo de la comunidad homosexual. Evita con solo buscar en Google, verán las contradicciones. Es así, muchos se siguen empecinando en imponernos solo una visión de la historia. 

¿Opinión personal o abuso de poder?

Qué hacer ahora ante este problema. Lo primero que hay que hacer es diferenciar lo que es opinión personal, de Io que es abuso de poder para imponer una idea. También hay que intentar comprender el contexto, es decir, que un docente alguna vez nos hable y nos transmita su opinión, es muy diferente a ver cómo todo un aparato de poder, busca sistematizar la imposición de posturas o ideas.

Un ejemplo: el Estado que te puede obligar a adorar y venerar a un prócer que difiere de la historia de la creación de esa nación y que está fuera de la conformación de la identidad de esa nación. Es decir, el Estado tiene que transmitir los pilares y valores de la patria, no imponernos idolatrar referentes políticos de turno. Hay que entender que esa práctica ya no se puede tolerar más y aunque pensábamos que superamos la monarquía absoluta, pareciera que no tanto con estas cosas.

Otra cosa es que se supone que un docente es una autoridad académica, no un faraón supremo o un oráculo que oficia de proveedor de la verdad única o genio chamánico conocedor de los destinos de la humanidad. Por ejemplo en la universidad, donde se supone que es una casa de altos estudios, un altar del pensamiento y un pilar de transición de ideas, muchos padecemos que no coincidir con la cátedra supone una condena que nos deja el estigma de ser un alumno rebelde. Creer que puede tomar con éxito una cátedra, en la que tiene el tupé de pensar distinto de su profesor titular. 

Da la impresión de que hay puntos en los que debes coincidir con los educadores. Estos están constituidos por el dogma de género y la ideología política. Si alguien dice que pertenece a un partido de derecha o liberal y opina que solo hay dos sexos en una institución pública, estaría dificultando el camino para su graduación en no sé cuántos países del mundo. Es terrible ver que esto pasa en muchas partes del mundo.

El círculo pernicioso del adoctrinamiento existe porque es una forma de mantener el establishment del sector público de los países. Si se le impone a la sociedad que el hombre es un ser que nace del cruce de nuestros ancestros con aliens, entonces el Estado tiene que ponerlo como una opción en la cédula. Tiene que poner funcionarios que entiendan de estas cuestiones, y crear políticas públicas y unidades administrativas como algún Ministerio o algo referido al lazo que mantenemos por ser descendientes de seres de otro mundo.

El Estado debe invertir en la Educación

El Estado debe financiar investigaciones en Educación e invertir en la búsqueda de este conocimiento. Así funciona y por eso se perpetúan estos aparatos del lavado de mentes. Está hecho para atornillar en la función pública al mismo sector de siempre, que encuentra en el Estado un nicho de subsistencia y permanencia eterna. Le genera un modo de vida sencillo pero efectivo, en donde no se hace mucho, y por eso tampoco se puede aspirar a ganar tanto. La única aspiración es mantenerse allí viviendo de los contribuyentes.

Combatir este flagelo depende de entender cuáles son las dimensiones del asunto. Lo fácil es ceder y llevarle la corriente al perpetrador público lavador de cerebros. Saber que utilizando las herramientas del pensamiento crítico (defiendo la libertad del pensamiento y libertad de expresión), no solo se está aportando al buen quehacer estudiantil y las buenas prácticas académicas, sino también se está aportando al país de cada uno de nosotros.

Pelear contra esto es interrumpir la cadena de un sistema de difusión de dogmas y doctrinas de poder, que sirven para enquistar actores de la política en la función pública eternamente. La mediocridad que caracteriza a quienes incurren en estas prácticas, no les permite encontrar otras formas de vida y desarrollo. Reproducir doctrinas es la forma de contribución a un negocio que pagamos todos.

La libertad de pensamiento, el pensamiento crítico, la libertad de cátedra, y la posibilidad de hablar el castellano como en realidad es, utilizando sus vocales como corresponde, no es delito. Son luchas que debemos hacer porque no hay nada más importante que la libertad, y tampoco hay nada más valioso que la educación para el hombre.


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