ACTIVISMO EN LAS REDES SOCIALES

Muchos ejercen su activismo en el ecosistema digital que cohabita junto a la vida real, en las redes sociales. Generan contenido y expresan sus opiniones ante los diferentes problemas del mundo. En este artículo vamos a tratar de analizar su impacto. Si realmente aporta algo el hecho de que estemos difundiendo contenido y expresándonos al respecto. Vamos a empezar con disparadores claves: ¿El mensaje puede transcender de la virtualidad? ¿Es más importante el medio que el mensaje en sí mismo? ¿Es más importante ser viral o la causa? Crítico o “hater”. ¿Dónde está el límite?

El fin de este artículo es poder estimular las reflexiones del lector sobre el uso de las redes sociales y su capacidad para canalizar los conflictos sociales, siendo el medio y la causa muchas veces de estos. La Comisión de Asuntos Comerciales del Senado de los Estados Unidos citó a los magnates de Internet como Mark Zuckerberg (CEO y fundador de Facebook) o su colega Jack Dorsey (CEO y fundador de Twitter) en temas de censura y administración de contenidos en cuanto a temas electorales de ese país. Es importante pensar qué y cómo comunicamos en Internet y cómo dejamos nuestra huella en el mundo digital, interactuando con materiales que los algoritmos nos condicionan a que consumamos.

Activismo sí, pero si es viral, mejor

No me canso de ver a muchos que piensan que difundiendo sus iniciativas de cualquier proyecto que responda alguna causa noble, si se viralizan, es mejor.

Me llama poderosamente la atención que muchos no se percatan del hecho de que mientras más tiempo pasamos en las redes sociales, mejor funcionales somos. Servimos a los objetivos de grandes empresas que ganan dinero captando nuestra atención.

Estas empresas invierten millones de dólares en hacer más rentable su producto, estudiando nuestro comportamiento permanentemente y modificando sus funcionalidades a fin de tenernos cautivos. Es aquí donde radica el primer punto de conflicto que quiero plantear: si alguien es un activista o “militante” de alguna causa noble que decide volcar parte o gran parte de sus esfuerzos y recursos en promover e impulsar sus luchas por Internet y las redes sociales, sería bueno que sepa las reglas del juego, no siempre vamos a llegar a todos los que quisiéramos llegar. Si se busca que un mensaje se haga viral, tendrá que entender que el mensaje también llegará a quienes piensan distinto.

Esto provoca que el nicho de los medios digitales hoy en día, debatir o intercambiar puntos de vista, nos está llevando al lado más turbio de la estupidez humana. Es decir, es en estos casos, donde vemos la censura, denuncias por discriminación, ciberataques más ruines, ataques contra la libertad de expresión. Lo peor de todo es que las fuentes, las plataformas, no hacen nada al respecto o terminan cerrando cuentas o cancelando perfiles. Por otra parte, si nuestro activismo consiste en poner el foco en viralizar mensajes, estamos saliendo de la idea de llegar a un público objetivo y tendríamos un sector focalizado en donde podríamos trabajar, en vez de querer llegar a todo el mundo.

Regulaciones para mediar entre usuarios y plataformas

No todos los países tienen una regulación al respecto que les permita tener algunas herramientas jurídicas para actuar. Termina ocurriendo que las plataformas actúan arbitrariamente cerrando cuentas. Hacen perder muchas veces años de trabajo e inversión a las personas que establecieron su marca o que invirtieron tiempo en perfiles virtuales para difundir sus propósitos.

En Argentina hace unos meses la vicepresidenta inició acciones legales contra Google porque los editores de Wikipedia cambiaban la descripción de su biografía con insultos y agravios. Se hacía hincapié en sus causas penales que aún mantiene. En este caso Google no tiene nada que ver ya que su mecanismo de indexación destaca las búsquedas más virales. Vemos cómo se le hace perder tiempo a las instituciones que imparten justicia en ese país por no tener un marco regulatorio adecuado.

Hay casos donde la gente insulta a los políticos y las fuerzas de seguridad actúan contra estas personas. Aquí en este tipo de conflictos situamos otro punto problemático: hablamos del límite de la libertad de expresión en el activismo. ¿Dónde está el límite? Si no me gusta un político, lo insulto pero esto es claramente ilegal. 

Muchos países disponen de mecanismos en contra de este tipo de cosas. En general el tipo de comunicación y expresiones en Internet, enmarcados en “los discursos de odio” pueden convertirse en en actos punibles. Habría que replantearse los modos que hay para ejercer la comunicación de ciertos temas en Internet para no incurrir en actos ilegales. O bien dejar el teléfono y hacer algo positivo al respecto en vez de opinar y quejarse digitalmente ¿No?

Matar al mensajero

Parece ser que Internet y sus medios sociales provocan la involución humana. Muchos deciden echarle la culpa a las plataformas por los exabruptos de los usuarios. Estas personas no saben que la dinámica de las redes sociales permite que muchos opinen lo que les plazca. Entre estas opiniones podemos encontrar perfiles muy críticos, trolls, haters y demás. Perfiles que amparados en el activismo pasan del nivel de la realidad al del mundo virtual y se intensifican. Encontramos gente que profiere insultos e incluso tienen una categoría conceptual elaborada que los define como “haters”.

Este tipo de gente proyecta su mal, lo que lo aqueja y lo descarga en las redes. Debe ser algo liberador supongo pero no si queremos habitar en este mundo. Tenemos que entender que esto es parte de ello y encima parecería que es lucrativo para las empresas. Entonces el problema no es Twitter, Youtube o Facebook, si hay gente así, es parte de los problemas de la humanidad. Estas empresas solo les sacan provecho a estas debilidades de nuestra especie.

Habiendo autores prestigiosos que yo siempre recomiendo en esta revista, no entiendo por qué hay gente que se sigue asombrando. Si vas a difundir tus ideas en Internet, te vas a encontrar con este tipo de cosas, y el medio no tiene la culpa en sí. Matar al mensajero, pensar que sentar en el banquillo de los acusados a los empresarios de Internet va a producir efectos positivos, es un error. Siempre va a haber trolls porque también abundan en la vida off- line.

Activismo de sofá

Por último, otra cosa que he observado trabajando desde el plano de organizaciones del tercer sector, es que gran parte de lo que se hace, se tiene que comunicar, porque si no se comunica pareciera ser que no se visibilizan estas acciones. He visto gente cometiendo errores garrafales en ámbitos instruccionales por querer adornar en redes sociales lo que se hizo. Exagerando de la forma más burda la foto, el texto, el sentido del post en donde se nota a la legua que lo que se dice nunca pasó.

Creer que se tiene habilidades comunicativas tales que nos permitan mentir a la audiencia con ornamentos digitales sobre nuestras acciones, intentando mostrar actividades que no hicimos, está evolucionando directamente en no hacer nada y fingir que hacemos cosas buenas desde la comodidad del hogar. No podemos cambiar el mundo sentados en nuestro sillón, difundiendo mensajes políticos por Internet o con un activismo feroz en las redes. Lo lamento, es una pena… Pero no lo podemos hacer.

Las aplicaciones móviles de comunicación y mensajería, los servidores de mail entre otros, han sido medios que han servido como herramienta para que poblaciones enteras puedan estar en contacto en situaciones adversas y expresar situaciones complicadas en las comunidades, como puede ser el caso de la primavera árabe. No entiendo por qué muchos creen que es mejor el mensaje que la acción, y solo se quedan con la importancia del contenido y no en la lucha fuera de Internet. Esto es preocupante porque hay gente con poder que piensa que puede cambiar las cosas desde su dispositivo móvil y con post en Facebook.

Se confunde la reputación on line con otra cosa, se aspira a querer ser muy influyente y se piensa que, si uno lo es, puede cambiar el curso de las cosas. Con decir que hay lugares en el mundo en donde los influencers se meten de lleno en la discusión política y luego terminan accediendo a cargos públicos, me parece que hay que tomar conciencia de que no pasa todo por Internet, que la vida off line también tiene muchas dificultades y espacios donde poder trabajar. Si todo se dirime en Internet o en los medios de comunicación, corremos el riesgo de que, tal vez los héroes de sofá sean los verdaderos protagonistas y ya no quede lugar para quienes quieren enfrentar la vida real.

Siempre es mejor hacer que decir, aunque se puede hacer ambas cosas. Podemos ayudar en nuestras causas con las redes sociales pero en un equlibrio sano. De lo contrario se estaría haciendo poco y estaríamos alimentando el negocio de estos medios sociales digitales, de igual modo que lo hacen los haters. Activismo, sí, pero siempre con conciencia y respeto.


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