7 COMEDIAS ROMÁNTICAS APTAS PARA HATERS

Que las comedias románticas son consideradas por la gran mayoría un género de tercera es un hecho. Tanto es así que, si por casualidades de la vida, usted se ve inmerso en un coloquio acerca del séptimo arte y quiere ganarse a su interlocutor, diga algo así como: “No soporto las comedias románticas; son todas iguales”. Usted obtendrá ipso facto el beneplácito de su interlocutor y, además, podrá pasar perfectamente por un cinéfilo de pro. 

Y es que los detractores del género se cuentan por millones y, dado que la gran mayoría de las películas creadas desde el inicio del milenio son productos prefabricados y sin alma, no es de extrañar que el número se acreciente de forma exponencial con el paso de los años.

Pero el género de la comedia romántica existía mucho antes de que Jennifer Aniston, Katherine Heighl o Kate Hudson protagonizaran filmes que constituyen en sí mismos decálogos acerca de cómo comportarse si se quiere fracasar en el amor -y en la vida en general-, que alimentan y perpetúan los estereotipos que han sido utilizados durante años por los detractores para vituperar el género. 

Decir de forma sistemática que una comedia romántica es mala por el hecho de serlo, es una generalización tan falaz como innecesaria. Porque sí, generalizar siempre es equivocarse y, por increíble que parezca, hay producciones de este género que son buenas, muy buenas.

¿Que están plagadas de tópicos y ofrecen una visión utópica del amor? Sí ¿y qué? Por eso precisamente, son maravillosas. No se debe olvidar que su objetivo no es mostrar el amor cómo es, sino cómo debería ser; no es el amor que se tiene, pero sí al que se debería aspirar, porque para ver historias fallidas y amores malogrados ya está la vida real.


Comedias románticas con alma

Dicho esto, los títulos que se incluyen en la siguiente lista no huyen de los tópicos -¡cómo podrían!-, sin embargo, tienen alma y, por poco que sea, aportan algo al género; pero sobre todo, tienen en común el hecho de no parecer escritas por alguien que odia las comedias, el romance, y a la humanidad en general, como sí ocurre en la mayoría de las películas producidas a partir del inicio del nuevo milenio.

Es por ello por lo que no es casualidad que la inmensa mayoría de los títulos que engrosan esta lista, se estrenaran en los 80 y los 90, cuando Katherine, Jennifer y Kate no habían alcanzado todavía el status de estrellas y el mundo era un lugar mejor.

Aviso a navegantes: si por infortunadas casualidades de la vida usted forma parte del incomprensible colectivo de detractores de Julia Roberts, no prosiga con la lectura del artículo, podría herir su sensibilidad. 

1) Dirty Dancing (1987)

El amor perfecto de verano era esto. Dirty Dancing supone la prueba definitiva de que el amor lo puede todo, incluso las barreras de clase. ¿Quién necesita a un rico heredero de un imperio hotelero como novio teniendo un profesor de baile? Y si ya ese profesor de baile es Patrick Swayze, la respuesta parece más que obvia.

En realidad, Dirty Dancing tiene la culpa de las altas expectativas que alberga gran parte del género humano con respecto a la época estival, pues hace posible imaginar que en el lapso de un mes usted puede encontrar el amor, tomar las riendas de su vida y aprender a bailar. Todo eso al ritmo de una fantástica soundtrack, plagada de hits, que bien hubiera podido ser valedora de un Óscar, si las canciones que conforman la misma no hubieran sido lanzadas veinte años antes de su estreno. El bajo presupuesto es lo que tiene.


2) Pretty Woman (1990)

Pretty Woman supuso una re-lectura de uno de los más célebres relatos de Disney, pero sobre todo, supuso el nacimiento de una estrella. Julia nunca ha estado tan bella ni tan encantadora y consigue que, por una parte, el espectador caiga rendido ante sus encantos y que, por otra parte, no pueda imaginar a otra actriz en ese papel, hecho que es, posiblemente, el mayor hito que puede lograr un actor.

Y bueno, Richard Gere…está ahí, haciendo gala de sus inexistentes habilidades para la interpretación aunque, en realidad, a nadie le importa, porque incluso desde el principio, el espectador es totalmente consciente de que esa peculiar criatura llamada Vivian, interpretada por Julia Roberts, ha pasado a monopolizar toda la atención.


3) Cuatro bodas y un funeral (1994)

Enésimo cruel intento del cine comercial por hacer creer al desdichado espectador que una boda supone una oportunidad de oro para no solo pasarlo bien, sino encontrar el amor. No se haga ilusiones porque, a no ser que sea usted Hugh Grant o Andie MacDowell, las posibilidades de que salga con pareja son escasísimas, por no decir inexistentes.

Lecciones de vida aparte, la cinta supone la constatación de que Hugh Grant es el galán más patoso y adorable del planeta, de que el amor se puede presentar de muchas e inesperadas formas, y de que una boda es el acontecimiento donde más gente hortera se puede concentrar por metro cuadrado.


4) Mejor…Imposible (1997)

Cuando parecía que el género había perdido toda su capacidad sorpresiva, apareció As Good as Its Gets, cargándose de un plumazo todos los clichés que habían alimentado el género hasta la fecha y revitalizándolo en consecuencia.

La Academia supo premiar su osadía galardonando a sus dos protagonistas, Jack Nicholson y Helen Hunt, con el Óscar al mejor actor y a la mejor actriz. Pero más allá del hecho de mostrar una historia de amor, lo que hace relevante la película es que supone una lección de vida en sí misma.

En primer lugar, porque es la constatación de que incluso los viejos sociópatas, crueles y amargados, que se llevan sus propios cubiertos a los restaurantes -porque sufren ante la simple idea de usar algo que previamente haya tocado otro ser humano-, tienen corazón. Y en segundo lugar, porque da igual de qué forma se manifieste el amor (a través de un abrazo, de una carta de agradecimiento o de unas tiras de bacon), lo importante es que lo haga.


5) La boda de mi mejor amigo (1997)

Si en sus anteriores proyectos había tenido que interpretar a chicas inocentes y genuinamente buenas, en esta película Julia es más Julia que nunca: una mujer despiadada, dispuesta a cualquier cosa por conseguir lo que quiere, caiga quien caiga.

Aunque en realidad, ver cómo Julia-perdón- Julianne, hace sufrir a la pánfila de Kimmi (Cameron Díaz), es todo un guilty pleasure. Lo mejor de la película, además de constatar que a Julia se le da igual de bien el rol de mala, es que el cuento siempre puede tener un final feliz, incluso si no hay príncipe azul de por medio. 


6) Notting Hill (1999)

Justo antes de que, con la llegada del nuevo milenio, la comedia romántica experimentase su debacle definitiva como género, vio la luz el ejemplar más perfecto habido y por haber: Notting Hill. 

Y es que en esta cinta todo parece funcionar: la historia (la constatación de que la relación entre las estrellas de cine y la gente normal no es una quimera), la música, el guion, los secundarios, los protagonistas…Los protagonistas sí, porque si hay algo más adorable en este mundo que la sonrisa de Julia Roberts, es el tartamudeo de Hugh Grant, y la conjunción de ambos supone la materialización de lo pluscuamperfecto.

Nunca antes se había visto a dos protagonistas con tanta química. Lo mejor de todo es que, en realidad, Hugh y Julia ni se hablaban. Pero no solo de sus protagonistas vive la historia, y funciona porque sus secundarios son muy reales; un grupo cuanto menos variopinto, en el que se incluyen un compañero de piso con síndrome de Diógenes, una hermana con plumas en lugar de pelo o un corredor de bolsa sin éxito.

Todos ellos con algo en común: la mediocridad y el fracaso, algo que asumen y llevan con mucha dignidad. La secuencia en la que luchan por ver quién es más desgraciado y, por tanto, merece el último brownie -y en la que participa la propia Anna Scott (Julia Roberts)- es historia del cine. Como también lo es aquella en la que el personaje de Julia se dirige al de Hugh diciendo aquello de que “Solo soy una chica delante de un chico, pidiéndole que la quiera”, demostrando que incluso las estrellas de cine sufren por amor.


7) La proposición (2009)

Obviando el hecho de que el romance está metido con calzador y de que la química entre Sandra Bullock y Ryan Reynolds es inexistente, The Proposal es un guilty pleasure en toda regla. Por fin la mujer asume una posición de poder y deja de ser, sistemáticamente, la subordinada de un jefe con el que entabla una relación amorosa.

Aquí es Sandra la que tiene el poder y lo ejerce de la forma más tiránica posible, haciendo que el pobre Ryan se vea obligado a beber café soya latte sin azúcar y con canela, no porque le recuerde a la Navidad, sino porque le aterroriza la idea de derramar el café de una jefa alérgica a los frutos secos y a todo el espectro de emociones humanas.


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1 Comment

  1. says: Roberto

    Yo añadiría “Love… actually”, que sin ser puramente una comedia, me pareció sencillamente genial.

    Coincido contigo en que esa generación de actrices -o quizás debiéramos decir guionistas/directores- han bajado mucho el nivel del género.

    Muy pocas de las películas que se han hecho desde los 2000 se acercan al nivel de las que has comentado.

    Saludos.

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