Cómo realizar una correcta rutina de higiene facial

La salud y la higiene van cogidas de la mano, y al igual que nos preocupa el estado de nuestro cabello, uñas o dientes, el rostro también merece un mínimo de atenciones. La piel, con el paso del tiempo, va acumulando células muertas, así como restos de residuos e incluso toxinas. Antes de asignarnos una rutina para el cuidado facial, conviene conocer a fondo nuestro rostro para utilizar los productos adecuados a nuestro tipo de piel.

La superficie de nuestra piel ha de permanecer limpia en la medida de lo posible, puesto que esto favorece su oxigenación. Es importante no abusar de la limpieza; los tratamientos agresivos o insistentes pueden hacer daño a nuestra piel y repercutir en la salud facial. Tampoco es algo exclusivamente femenino: si bien los hombres tienen la piel menos delicada que las mujeres, cada rostro es un mundo y por ello merece atención. Precisamente, ciertos productos tales como el aftershave llevan alcohol, lo que irrita más aún la piel.

Los dermatólogos recomiendan utilizar agua templada y un jabón neutro, o cualquier producto libre de químicos o ingredientes artificiales -siempre adecuado en la medida de nuestras necesidades personales- para dedicarnos unos minutos antes de irnos a dormir y tras levantarnos. La higiene facial debe hacerse con suavidad, no debemos restregarnos duramente ni frotar con brusquedad. Con este primer paso pretendemos limpiar la superficie de nuestra piel, eliminando residuos, polvo, maquillaje y otros agentes contaminantes.

Si en ti predomina la piel grasa, el paso de la limpieza juega un papel fundamental. Por su parte, la piel mixta es la que más cuidados requiere. La piel sensible es propensa a padecer rojeces, dermatitis u otras afecciones; es importante el uso de productos libres de alcohol y parabenos. Por otro lado, la piel seca tiende a necesitar productos hidratantes para evitar que se agriete.

Que añadamos la exfoliación a nuestra rutina de higiene facial debería ser innato. Los expertos recomiendan realizarlo una o dos veces por semana, sin descuidar la fase de limpieza diaria. Es más: se considera de lo más oportuno hacerla tras dicha limpieza. Gracias a la exfoliación eliminaremos células muertas, grasa, espinillas, puntos negros y demás imperfecciones.

Al igual que con la limpieza, la exfoliación es importante, pero no hay que abusar de ella porque puede ser contraproducente. En función del tipo de piel se realizará en unos plazos de tiempo u otros (se recomienda que las pieles sensibles lo hagan cada 15 días, las mixtas cada semana y las grasas dos veces a la semana). 

¡Nunca hay que descuidar nuestra higiene facial!
Nuestra piel dice mucho de nuestra salud: es importante llevar un correcto cuidado facial

Hay quien antes de exfoliar prefiere darse un baño de vapor para dilatar los poros; aplicar vapor a la cara ayudará a abrirlos para la posterior limpieza de éstos. También es una táctica muy acertada cuando se desea extraer puntos negros; con suavidad y sin aplicar demasiada presión se pueden eliminar perfectamente, ya que el vapor los habrá abierto y ablandado

Más adelante, el uso de tónicos faciales es un punto clave en nuestra limpieza personal. Después de la limpieza básica, es conveniente echarse un poco en el rostro con el objetivo de refrescar y revitalizar nuestra piel. Además, puede ayudarnos a eliminar algún residuo restante.

Las mascarillas y cepillos limpiadores son dos formas diferentes de enriquecer la rutina de higiene facial; nunca está de más proporcionar a nuestra piel un cuidado extra. Si bien los cepillos precisan de un cabezal particular afín a las necesidades que tengamos, son muy efectivos, ya que las cerdas profundizan en las capas de la piel. Las mascarillas también son muy prácticas: su único inconveniente es que tienden a necesitar más de diez minutos para completar su acción sobre la piel.

Es conveniente que, tras la mascarilla, limpiemos los restos de producto que haya podido dejar y, después, masajear el rostro, a ser posible con agua fría para estimular los músculos faciales.

La hidratación después del tónico o la mascarilla sería el último paso a realizar: una crema adecuada a nuestro tipo de piel ayudaría a reparar los posibles daños sufridos en nuestro rostro durante el día.

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