El violinista en el tejado

El violinista en el tejado

El violinista en el tejado se estrenó por fin en el legendario Teatro Astral de la calle Corrientes. Una lluviosa tarde noche de otoño como preámbulo a un espectáculo íntimo, emocionante y total; diría que hasta eso fue perfecto, la mejor introducción ambiental a un sentido y por momentos melancólico musical que lleva más de 50 años representándose con éxito por todo el mundo.

Todo funciona bien en este violinista en el tejado producido por Julieta Kalik y dirigido por Gustavo Zajac. Se trata de una obra coral cuidada hasta el mínimo detalle, concienzuda y redonda en todas y cada una de sus expresiones: la musical, la interpretativa, la coreográfica, la escénica… Y con un maravilloso ritmo sostenido que consigue atraparte de principio a fin, sin fisuras, construido con mimo en torno a un Raúl Lavié absolutamente extraordinario, hipnotizante, conmovedor. La estrella indiscutible de este sistema solar que es “El violinista en el tejado”, el sol alrededor del que orbita el resto de un elenco igualmente fantástico y que derrocha talento del primero al último.

La debutante Sabrina Garciarena

Con evidente expectación se esperaba el debut teatral de la actriz Sabrina Garciarena. Y más tratándose de un género tan exigente como el musical. Supera el reto con nota. Nadie diría que nunca antes interpretó teatro. El violinista en el tejadoPerfectamente arropada por sus compañeros de reparto, más que curtidos en estas lides, Sabrina brilla con luz propia en la piel de Tzeitel, la joven que desafía la tradición de sus ancestros por amor. Sostiene a uno de los personajes principales con una solvencia impropia de quien se enfrenta por primera vez y en tiempo real a una platea llena de público, donde dicen que se consagran los actores de verdad, allí donde no caben segundas tomas. Sale más que airosa del envite y dejando una sensación latente: que tras esta experiencia han de venir otras, que el espectador quiere más, que ella va a querer darnos más.


El violinista en el tejado sorprende, emociona, divierte, conmueve y todo lo hace (quizás lo más difícil) en su justa medida. Sus más de dos horas de representación desvelan un excelso y minucioso trabajo de equipo, de los que ya no se ven. En estos tiempos que corren que ya todo parece obligadamente de consumo rápido e instantáneo, que prima el mínimo esfuerzo porque lo bien hecho ha dejado de ser rentable, háganme caso y regálense una experiencia inolvidable. Acudan al teatro Astral. No se arrepentirán.

Cuando salgo a la calle, con la melodía principal del violinista aún jugueteando en mi cabeza, la lluviosa tarde otoñal se ha transformado en una deliciosa y apacible noche de verano. Encaro Corrientes sonriendo y pensando que la perfección existe…

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